Para la guatemalteca Anabella Giracca, primero hay que resolver en la región centroamericana flagelos como el analfabetismo, el hambre, la desigualdad social y económica, la falta de servicios médicos, la ausencia de agua potable, entre otras tristes realidades cotidianas, y después pensar cómo acercar a quien piensa, imagina y redacta con aquel que accederá a sus historias.
Pone como caso su país natal, Guatemala, donde si alguien publica un libro en español sabe que una parte de su población no llegará a su creación porque no sabe leer ni escribir.
Estima que casi el 80% de los jóvenes guatemaltecos de clases bajas no llegará a ingresar a un salón universitario.
Otros de sus coterráneos no tendrán ocasión de leerla porque las obras son tan costosas, que el presupuesto no les alcanzará para darse el lujo de leer una novedad editorial.
Giracca es consciente de que cuando un libro suyo llega a una librería o a una biblioteca, el sector indígena guatemalteco tampoco la va a leer porque no entiende el castellano.
Lo que lleva a pensar en que se debería traducir las obras a idiomas del país como el kekchí, el quiché, el kaqchikel, el mam y el tzutujil; el pero, dice, es que eso cuesta bastante dinero y no es que sobren los fondos en los sucesivos gobiernos para colaborar con los proyectos culturales y educativos.
Anabella Giracca, autora de obras como Demasiados lectores y El enigma del santuario, no cree que el asunto de la lectoría vaya por hacer más presentaciones de libros.
Más bien, los principales responsables de que no haya muchos lectores son los propios Estados centroamericanos, que no invierten en suficientes bibliotecas, que no editan las necesarias obras de autores nacionales y extranjeros, que deben encontrar la manera para que los libros no sean tan costosos para que los puedan adquirir las clases bajas y medias, y son también los Estados los que no invierten en crear más círculos de lectura.
VARIANTES
La costarricense Roxana Pinto, autora de libros como Ida y vuelta y Donde ellas, ha llegado a sus lectores por distintas vías.
Pinto ha escrito poemarios para los que adoran los versos; se ha enfrascado en estudiar a personajes atractivos de la plástica para más de uno, como la mexicana Frida Kahlo; ha situado sus tramas en Costa Rica para los que gustan de temas del terruño, y en otras ocasiones sus argumentos se trasladan a Europa para aquellos que tienen una visión más amplia del espectro literario.
SITUACIÓN
La novelista y cuentista istmeña Gloria Guardia propone pensar qué obras serán las más atractivas para leer a los niños de nuestros países de acuerdo a la región donde residen.
Guardia, que ha obtenido el Premio Nacional Ricardo Miró en ensayo y novela, pide precaución a la hora de escoger títulos interesantes, no hay duda, aunque puedan estos parecer demasiado exóticos para los potenciales lectores.
Por otro lado, le preocupa que Panamá sea el país de Centroamérica donde menos se lee, y aplaude que la lectoría tenga índices positivos en El Salvador y Guatemala.
FORMAS
El panameño Jorge Eduardo Ritter se pregunta si la respuesta para ganar lectores estará en escribir textos cortos.
Este académico numerario de la Academia Panameña de la Lengua se cuestiona si mejor no será narrar historias como si fueran mensajes de Twitter, y en broma y en serio, dijo que de ser así, alguien que hubiera sido exitoso en esta red social cibernética sería el narrador hondureño-guatemalteco Augusto Monterroso, quien era un maestro de los relatos breves.
Ritter también reflexiona en que las personas sí leen, solo que no reparan en ello. Pone como muestra que hay estudios que han llegado a la conclusión de que los más asiduos a las redes sociales y a las páginas web llegan a leer, por día, el equivalente a 200 páginas impresas de un libro.
Propone para llegar a estas personas, hacerlo con temas atractivos a través de los medios tradicionales (periódicos, revistas y libros) como desde plataformas modernas como el blog.
