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TURISMO

Una peligrosa maravilla natural

En el Gran Cañón estadounidense se ha registrado en lo que va de 2019 una inusual cantidad de decesos, sobre todo por personas que se acercan al abismo en busca de selfis sensacionales.

Una peligrosa maravilla natural
Una peligrosa maravilla natural

¡Cuidado, selfies mortales! El segundo parque nacional más visitado de Estados Unidos, el Gran Cañón, registra esta primavera boreal un pico inusual de muertes accidentales. A pesar de los llamados a la prudencia, los visitantes siguen tomando riesgos.

Desde lo alto de sus despeñaderos rojizos se extiende la inmensidad, centenares de kilómetros de áridos y sinuosos desfiladeros en cuyo fondo el río Colorado continúa incansablemente su obra de erosión, comenzada hace millones de años.

A esa eternidad se unieron para siempre cuatro personas en la misma cantidad de semanas entre marzo y abril pasado.

El cuerpo de un turista japonés fue encontrado en una zona boscosa lejos de las laderas rocosas. Antes, hubo tres caídas mortales, incluyendo un quincuagenario de Hong Kong que se desplomó al vacío mientras intentaba sacar fotos.

Cantidad de muertes

Entre la docena de personas que mueren en promedio cada año en el Gran Cañón, según las cifras del National Park Service, las caídas al vacío son, en realidad, inusuales. La mayoría de los decesos están más bien ligados a las diferencias de altitud que experimentan las personas y al calor sofocante del verano.



“Hay algunas barreras cerca de los miradores más populares, pero no queremos ponerlas en todas partes”, dice Kris Fister, portavoz del parque nacional, situado en Arizona. “Lo que hace especial a los parques es no tener una barrera que te separe de este lugar magnífico”.

“Les pedimos a las personas permanecer en los senderos designados y mantenerse a una distancia prudencial del borde. Es una cuestión de sentido común”, agrega la mujer, con pantalón caqui y camisa gris, uniforme de los ranger.

En Mather Point, donde de los autobuses desembarcan turistas apurados, el mensaje claramente no siempre es escuchado.

Esta terraza natural, la más frecuentada del parque, es quizás el lugar de Estados Unidos donde se toman la mayor cantidad de selfis.

El borde opuesto del cañón está a 16 kilómetros a vuelo de pájaro. Hay barreras que protegen a los visitantes, pero un centenar de metros más lejos, una joven se aventura al borde del precipicio sin protección.

“Desde aquí podemos ver suficientemente bien, no veo razón para acercarnos al borde”, comenta Kathryn Kelly, turista británica, observando a la imprudente. “Escuché que un hombre se cayó tomando un selfi y me cuesta sentirme mal por él”.

Por ellos los carteles preventivos en el lugar advierten: “No te conviertas en una estadística de muerte”.


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