Son pocas las certezas que tiene la ciencia del gran tiburón ballena: Es el pez de mayor tamaño (alcanza entre 12 y 16 metros), se alimenta de plancton y pequeños peces, su conducta es dócil y puede recorrer 20 mil km en unos años, la ruta de migración más larga registrada de la especie, según un estudio de monitoreo del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI).
El 16 de setiembre de 2011, el científico Héctor Guzmán del STRI, colocó un transmisor satelital a Anne, una hembra de tiburón ballena (Rhincodon typus) en las cercanías de isla Coiba y así constató que el gran pez permaneció en aguas panameñas por 116 días, antes de nadar a la Isla Clipperton, en su ruta hacia la Isla Darwin en Galápagos, Ecuador.
La señal desapareció 266 días tras ser instalado el transmisor y retornó luego de otros 235 días, con Anne al sur de Hawái. El animal permaneció allí por unos días y avanzó hasta la Fosa de las Marianas, un cañón en el fondo del océano más próximo a Japón y Filipinas, donde el director cinematográfico James Cameron localizó en 2012 el punto más profundo del planeta a casi 11 mil metros bajo del nivel del mar. Fueron 20 mil 142 km de travesía.
Misterios
¿Qué hacía Anne en aquel abismo marino? “Tenemos muy poca información sobre por qué migran los tiburones ballena (...) ¿Están buscando comida, buscando oportunidades de reproducción o impulsados por algo más?”, plantea Guzmán.
Los estudios genéticos de la especie muestran que los tiburones ballena de todo el mundo están muy relacionados, ello sugiere que deben viajar largas distancias para aparearse. “Se han rastreado tiburones ballena en distancias más cortas a lo largo de rutas similares, pero este informe es la migración más larga registrada hasta la fecha y la primera evidencia de una posible ruta transpacífica de la especie”, destaca un reporte del STRI.
De su ciclo de reproducción no se conoce casi nada. “Es el pez mas grande del planeta, sobreexplotado y amenazado, y todavía no sabemos cómo se reproducen a ciencia cierta”, reconoce Guzmán. “Sabemos de hembras grávidas que pueden tener hasta 300 embriones adentro, pero no hay certeza sobre su ciclo y edad reproductiva. Creemos que animales mayores de cuatro metros podrían ser reproductivos. Estamos con otros colegas evaluando esto con muestras de sangre para ver niveles de hormonas, etc.”, explica el investigador.
Es que no es sencillo seguir la estela del tiburón ballena y conocer más de él. La limitada capacidad de las baterías del transmisor o que el aparato se caiga o sea retirado del gigante marino por algún turista o nadador, son problemas que ya se han presentado en los intentos por estudiarlo.
Además, el transmisor satelital solo se comunica cuando el tiburón ballena se mueve cerca de la superficie.
En el caso de Anne, su transmisor satelital permaneció activo por 841 días.
Tránsito por Panamá
Del paso del tiburón ballena por las aguas panameñas, se estima que pueden encontrarse todo el año, sobre todo si son individuos solitarios, señala Guzmán.
“Cuando están en grupos podrían estar migrando y se quedan algunos meses para continuar. A veces se quedan hasta tres y cuatro meses. Hemos visto grupos de hasta 23 animales juntos”, comparte el científico, que estudia tiburones ballena desde 2008.
Amenazas
El tiburón ballena se encuentra en peligro de extinción, de acuerdo con la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
Su gran tamaño atrae a los barcos pesqueros. Son buscados por sus aletas y carne, por sus dientes (utilizados en artesanías y vendidos a los turistas) y por su cartílago y aceite con supuestos valores medicinales, comenta Guzmán.
“Los tiburones ballena juveniles a menudo terminan como captura incidental junto con el atún y otras pesquerías”, agrega.
Se estima que su población se ha disminuído en un 50% en los últimos 75 años.
En muchos países esta especie goza de una protección legal que a menudo es ignorada.
La pesca, captura y venta del tiburón ballena está prohibida en Panamá por el Decreto Ejecutivo No. 9 de 2009 y una resolución del Ministerio de Ambiente regula el avistamiento de tiburón ballena en el Parque Nacional Coiba y la reserva marina Isla Canales de Afuera, norma que incluye un Manual de observación de tiburones ballena (Ver nota relacionada).
Aparte de Anne, el estudio de monitoreo del STRI siguió a otros 45 tiburones. Algunos se fueron bordeando la costa de Centroamérica hasta México, otros tomaron rumbo hacia el sur, hasta Ecuador y Perú, otros se dirigieron al oeste hacia las islas oceánicas de Coco, Costa Rica; a Malpelo, Colombia; y cerca de Galapagos, en Ecuador, demostrando, destaca Guzmán, la conectividad dentro de la región.
No se respetan las normas de interacción con esta especie
Cuando se identifica la presencia de un tiburón ballena, lo ideal es nadar a cierta distancia y en paralelo, sin atravesarse para no obligarlo a cambiar de dirección, comenta el científico Héctor Guzmán, quien ha sido testigo del mal comportamiento de operadores turísticos y turistas que se acercan al pez gigante y lo agarran por la aleta dorsal “para que los lleve de paseo”. “Los tiburones ballena en Coiba ya han cambiado su comportamiento para evitar la superficie y a los turistas”, resalta. Hay que evitar el acoso para que todos puedan disfrutarlos, resume.
