Un policía conversador

El policía mexicano Juan Orozco, de 65 años, habla inglés, francés, alemán, italiano, japonés, coreano portugués y español.

Un policía conversador
Hace 15 años Orozco sufría porque no podía comunicarse con extranjeros que llegaban al aeropuerto.

El policía mexicano Juan Orozco es tan buen conversador que un día se le ocurrió estudiar para expresarse también en otras lenguas y, a los 65 años, habla inglés, francés, italiano, alemán, portugués, coreano y japonés.

“Hablar y entender nunca fue un problema, lo difícil ha sido la gramática porque siempre tuve claro que si me metía en esto, era para expresarme bien”, asegura el sargento segundo.

Hace 15 años Orozco sufría porque no podía comunicarse con los extranjeros que llegaban al aeropuerto, donde lo tenían concentrado; entonces, pidió a su jefe ayuda para estudiar inglés y ahí empezó su leyenda.

“Mi propuesta fue donar el día de descanso para estudiar y que a cambio me pagaran la mitad del curso en el Instituto de Lenguas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Pronto noté que tenía un don para los idiomas y a los dos años era bilingüe”, cuenta.

Orozco, uno de los 25 mil policías auxiliares de la ciudad de México, trabaja en la delegación de Coyoacán, donde por sus atractivos turísticos se relaciona con visitantes de los cinco continentes, asombrados por la cortesía de este hablador profesional.

“Un día me fui a la Embajada de Francia, les dije que yo atendía los vuelos de Air France y quería ser más útil. Me dieron una beca y aprendí francés. Después seguí con el italiano y el alemán y cuando me di cuenta de que tenía controlada América y Europa, entonces pensé en Asia y empecé con el japonés”, revela.

Si bien había desarrollado una especie de sexto sentido para aprender lenguas, con el japonés fue diferente; batalló mucho con los alfabetos hiragana, katakana y romaji, pero al final salió adelante y lo comprobó cuando libró de un robo a Yukio Sakata, un hombre llegado de Tokio que viajaba a un congreso de ciencias en La Habana y estuvo a punto de perder 5 mil 200 dólares.

“Al pasar el filtro de seguridad alguien quiso robarle la cartera, pidió ayuda y cuando le hablé en japonés vio los cielos abiertos. Intentamos poner una demanda, pero no fue necesario, el dinero apareció y quedó tan agradecido que mandó una carta a mis superiores para que me ascendieran a capitán”, cuenta.

Aprendió portugués y coreano de manera autodidacta y eso aumentó la leyenda del policía identificado con el número 2650, que se ha entregado tanto al apoyo del turismo que él mismo se ha convertido en una atracción para los extranjeros. Hace tres meses comenzó a estudiar árabe. “Uso un método que me mandaron de EU. Voy bien, pero extraño no ir a la escuela y tener en mi mismo salón a chicos de 18 años asombrados de compartir la clase con un viejo”, dice.


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