Hasta 2018, la obra del escritor español Santiago Posteguillo estaba regida por hombres. Emperadores, legionarios, héroes y villanos de la Antigua Roma le habían dado un lugar especial en el mundo de las letras, pero la llegada de una mujer a su pluma, le abrió el camino a un mayor reconocimiento.
Ese año ganó el Premio Planeta por su novela Yo, Julia, que relata la vida de Julia Domna y sus deseos de alcanzar el más alto poder dentro del Imperio Romano. Este año publicó la segunda parte y desenlace de la historia en Y Julia retó a los dioses, una obra que presentará, vía zoom, en la Feria Internacional del Libro de Panamá hoy 14 de agosto a las 11:00 a.m. en el Salón Rogelio Sinán (ID: 8518 5279 526).
En una entrevista para este diario, el autor habla sobre su relación con la emperatriz Julia Domna.
¿Por qué escribir sobre Julia Domna?
Siempre escribo sobre personajes que admiro, porque sino, no le dedicaría unos cuatro años como me ha pasado con Julia. Lo que veo con respecto a ella es que tiene muchísimas virtudes. Y luego tiene toda una serie de sombras que la humanizan, y que para mí, si no son justificables, son comprensibles, dentro de las circunstancias en que el personaje se mueve.
¿Llegó a sentir lástima por el destino de alguno de sus personajes?
Por quien más lastima sentía era por la propia Julia, pero de alguna forma era como si ella me hablara al oído y me dijera: cuéntalo todo tal cual pasó. Y esa sensación me ayudaba a contar el relato en su máxima intensidad dramática, pese a que habían muchas cosas que me resultaban dolorosas, porque es un personaje con el que te sientes identificado y no quieres que le pasen cosas terribles.
¿Cómo fue la creación de la parte mitológica?
Esta parte está construida de forma congruente con lo que los romanos pensaban. Es decir, yo no quería hacer una parte fantástica que no encajara o que chocara con la novela. Pero los romanos pensaban que los dioses existían, que los observaban. Y realmente está construido, como un gran guiño literario a Homero. En la Ilíada y la Odisea los dioses aparecen también como personajes que interactúan con los mortales. Entonces en esa línea, y con ese guiño literario al nacimiento de la literatura occidental, es como está incorporada esta parte mitológica en Y Julia retó a los dioses.
¿Siente responsabilidad de ser fiel a la parte histórica?
Yo si que siento una responsabilidad porque desde mis primeras obras, cuando algún joven me decía, que leía mis novelas y que a partir de allí se atrevía a corregir a su profesor de historia o de latín, me di cuenta que tenía una responsabilidad.
Creo que la historia es lo suficientemente sorprendente, con los suficientes giros inesperados y dramáticos, y con la suficiente espectacularidad, para contarla lo más fiel posible y conseguir relatos muy entretenidos. Luego habrás de buscar estrategias narrativas, allí es donde entra la parte del escritor. Quedan, no obstante, algunos vacíos históricos que hay que rellenar. Ahí sí que estoy dando mi versión, pero debe ser verosímil y razonable con lo que sí sabemos que pasó.
¿Tuvo que hacer una ‘curaduría’ histórica?
Si, porque a veces las fuentes históricas se contradicen. Unos te cuentan la película de una forma y otros de una forma opuesta. Por ejemplo, Aurelio Victor y la historia Augusta tachan a Julia de una persona adúltera y promiscua, mientras que Dion Casio y Herodiano la consideran una mujer virtuosa, fiel y muy inteligente. Entonces vas examinando cada fuente para ver hasta qué punto son fiables, o no. Julia era una persona de origen sirio y los romanos, sobre todo en el occidente, veían con auténtico pavor a cualquier mujer oriental que se acercara al poder.
Esto les pasaba desde la época de Cleopatra, porque Cleopatra, digamos, les mareó a los dos hombres más importantes de la época: Julio César y luego a Marco Antonio. De este modo cada vez que una mujer oriental se ha acercado a los círculos de poder de la Antigua Roma, se padecía un auténtico ataque xenofóbico.
¿Es mala la ambición de Julia?
Hay dos cuestiones a valorar, una sobre la ambición en sí misma y otra de género. Sobre la primera, la ambición bien entendida no es mala. A ver, la ambición personal que pueda tener uno, es lo que lo invita a seguir consiguiendo objetivos. Pero una ambición desmedida, que en la persecución de esa ambición personal conlleva el daño a otros, es donde claro la ambición comienza a ser negativa.
Y luego está la cuestión de género. Es que cuando pones la palabra ambiciosa al lado de la palabra mujer, es un insulto, pero cuando dices que era un hombre ambicioso, no necesariamente es un insulto. Julio César era ambicioso pero no nos parece mal, pero al decir que Julia era ambiciosa, la cosa cambia.
No puede ser que evaluemos de forma diferente a hombres y mujeres. No acepto que el término “ambición” sea diferente cuando hablamos de personajes históricos masculinos o femenino. Las mujeres en la historia tienen tanto derecho a ser ambiciosas como los hombres.

