Un premio por las buenas notas

Niños con buenas notas se ganan una licencia a la diversión por dos semanas en las colonias veraniegas del Club de Leones.

Un premio por las buenas notas
Unos niños juegan en los terrenos del campamento.

Todos los veranos, pequeños inquilinos dan vida a las estructuras del campamento del Club de Leones de Panamá establecido sobre un terreno de seis hectáreas en Villa Zaíta, en el corregimiento de Las Cumbres.

El campamento, abierto cuando los tableros de las escuelas toman un receso, es un refugio de diversión por 30 días para 205 niños de escasos recursos que provienen de distintas provincias del territorio nacional.

Con espacios para el fútbol, el baloncesto o el béisbol, una piscina, dormitorios, comedor y auditorio, las denominadas Colonias infantiles de verano del Club de Leones se constituyen, desde 1947, en un albergue para consentir la algarabía de los infantes de entre 8 a 10 años.

Uno de los que disfruta la estadía en las colonias es Sebastián Castillo, un ngäbe buglé de 8 años que cursa el segundo grado en la escuela de Guabito en Bocas del Toro.

Uno de los linces encargados de la custodia del centro recreativo le dio una vuelta en la motocicleta, a él y sus compinches, en el terreno abierto que a lo lejos refleja la sombra frondosa de un conjunto de pinos.

Sebastián decidido a no despediciar ni un segundo en aburrimiento, al terminar el recorrido se integra a un puñado de chiquillos que juegan un partido de fútbol.

“Me gusta mucho la piscina; no sé nadar todavía por eso me pongo en la orillita”, confiesa Sebastián, un niño de baja estatura que ha cobrado notoriedad al perder por un voto la corona de rey del campamento (otorgada por popularidad) y ser proclamado “principito” en el grupo.

Aunque está pasándola bien, dice que lo que más extraña de su rutina hogareña son sus animales: su perro ‘Jackie’, un gato sin nombre y dos chanchos pequeños que cría su familia.

Los padres de Sebastián no han tenido que preocuparse por la comida, la ropa o el gasto que representa ir a visitar sitios como la Presidencia de la República, las esclusas del Canal de Panamá, el Biomuseo o al Parque Municipal Summit, porque el pasaporte a la diversión de su hijo se lo ha ganado él con sus buenas calificaciones obtenidas durante el año escolar, el cual es el único requisito indispensable para que disfrute de semanas colmadas de giras y esparcimiento en las colonias.

El Club de Leones de Panamá estima una inversión de 500 dólares en la atención de cada niño dentro del programa. Un costo que asumen mediante patrocinios gestionados con empresas privadas, las cuales donan desde zapatillas hasta enseres para el sostenimiento del proyecto social que lleva 68 años.

“Por aquí ya han pasado 50 mil niños y niñas que luego de varios años se han convertido en adultos productivos para el país”, atestigua Alexis De Pool, actual director de las Colonias infantiles de verano del Club de Leones.

Las instalaciones del campamento fueron levantadas 12 años después de la fundación del Club de Leones de Panamá, en 1937, como un método de escape para niños de todo el país.

Durante el tiempo que los niños se encargan de darle rienda suelta al ocio, cuatro monitores/docentes y un grupo de policías de niñez y adolescencia se encargan de su vigilancia y ayudan a detectar en ellos cuadros de violencia, problemas de comportamiento, de inadaptación social u otras dificultades, para tratar de corregirlos en esa vía.

“Hay niños que están en medio de la separación o divorcio de sus padres... ellos al principio se muestran renuentes a entrar al campamento... yo los abrazo y los pongo a orar porque de nada vale que intentemos promover valores si no ponemos a Dios por delante”, admite la docente Ruth Martínez, directora de los monitores que asumen el papel de tutores de los infantes por este período.

Los pequeños no ven a los policías con temor, ahora son parte de su rutina, y saben que están para ayudarlos. “Cuando llego aquí, las niñas corren a abrazarme y hasta se confunden porque no saben si llamarme “oficial” o “maestra”, indica sonriente la subteniente Inis Recuero, quien refuerza los valores en los chicos por medio de charlas de prevención relacionadas con drogas y violencia.

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