Para cualquier artista de la danza, especialmente si se está iniciando en los escenarios, los aplausos son la principal gratificación. Para el mentor, se trata de ver cómo sus movimientos se ven plasmados en sus estudiantes, convirtiéndose en escultores que tallan el cuerpo en movimiento.
Después del segundo semestre, en agosto, la Escuela Nacional de Danzas, perteneciente al Instituto Nacional de Cultura, comienza a preparar la producción de fin de año.
Mañana sábado en el Teatro Nacional, la escuela presentará la coreografía El jardín de las estatuas, creada por Alberto González, inspirada en el cuento del mismo nombre escrito por Pedro Pablo Sacristán.
En la puesta participan 100 estudiantes pertenecientes a grupos de niveles avanzados: IV, V, VI y Nivel Técnico superior de ballet y danza moderna.
En la coreografía de González profesor de danzas de carácter , también participaron los profesores Andrés Nieto, Ana Acela Smith, Edwin Espinosa, Cecibel Romero y Javier Jara ballet clásico, Mireya Navarro e Iguandili López danza moderna, Ormelis Cortez danzas folclóricas y Filadelfia Salamín, Manuel Herrera, Yahir Pérez y Erlin Samaniego.
Según el coreógrafo Diguar Sapi, diseñador de iluminación de este espectáculo, “el profesor González propuso El jardín de las estatuas, un cuento que implícitamente aconseja a la juventud sobre valores como la amistad, el respeto a la naturaleza y la convivencia en sociedad”.
Y en lo terrenal, la Escuela Nacional de Danzas “ha mantenido su política de motivar y dar una educación no solo de danza, sino también en valores”, afirma Sapi. “Nuestra preocupación es formar bailarines profesionales capaces de tener su propio criterio, tanto social y cultural, consideramos que el arte y la danza tienen una integración total para los seres humanos”, asegura.

