Isabel De Obaldía tiene el privilegio y la bendición de tener como padre al maestro nacional Guillermo Trujillo, quien le enseña la relevancia de la disciplina y del compromiso con el arte.
Es Trujillo quien la entusiasma de muchacha cuando ella confecciona afiches y escribe cuentos.
Su padre fue el encargado de mostrarle el universo al guiarla por los museos. “Él me enseñó a ver”, dice emocionada.
“Es increíble el ejemplo que recibí de mi padre, quien pinta todos los días. Él tiene un ojo impresionante. Todavía a mi edad viene a mi estudio y estoy pensando qué dirá. Siempre me ha dado su apoyo”, explica De Obaldía, madre de dos hijos.
Como Trujillo, ella trabaja todos los días. No podría hacer lo contrario, confiesa. Un consejo que ahora ella le transmite a uno de sus hijos, Sebastián, quien también se dedica a la escultura.
