El pintor parisíno Víctor Tricar define su manera de trabajo como el modo en que sus visiones toman forma.
“La visión puede darse en varios momentos. Antes de pintar, ya hay en mi mente una imagen, algo con respecto al orden de la representación”, explica sin vacilar.
Llegó de Francia en 2012, acompañado de su esposa y observó con fascinación el colorido de este país, cuando algo llamaba su atención, su mente le dejaba la impresión de lo visto. A la inspiración visual le seguía hacerse del pincel, luego su mano se desliza por sí sola, desgrabando aquel instante magnífico para dejarlo sellado en el lienzo.
Siempre que deja un espacio en blanco surge la imagen de un rostro. Por ello, en algunas de sus 30 obras de su más reciente colección, titulada “22”, existe la figura de ojos, boca y nariz inserta en la pintura. “Los rostros surgen como flashes... como entidades que invitan a pintarles”.
Cuando no se pone el delantal para pintar se dedica al diseño gráfico. Piensa que en sus obras hay algo del más allá, una conexión con el lado espiritual del ser humano.
Una parte de la colección “22”, (no más de 7 obras) reposa en las paredes de la Jerónimo Art Galley en el Casco Antiguo, habilitada de lunes a sábado, de 3:00 p.m. a 2:00 a.m. Esta vez el artista la presenta como una despedida. Dejará el país canalero y se mudará a Europa para atender nuevas oportunidades.
El pintor Tricar se reconoce aún en la exploración de su propio estilo pictórico. Se vale principalmente del expresionismo abstracto para darle un contexto a sus trazos, los cuales combina con frases, colores, direcciones y formas múltiples.
“En cuanto a la introducción de palabras en mi pintura, considero es un fenómeno contemporáneo que deja lugar cada vez más a la escritura en el arte pictórico. Tal vez debido a que el hombre actual se ha convertido en alguien muy o demasiado hablador”.
Tricar no tiene límites, incluso sobre la madera en desuso decidió pintar. La primera vez que cambió el lienzo o el papel por un tronco seco, fue hace 10 años, con su obra “Supplice vers la vie”.
Apenas pisó tierra panameña deseó mostrarse a los locales con una pequeña colección expuesta antes en París (Francia) y Los Ángeles (Estados Unidos) en un restaurante y posteriormente en la Alianza Francesa. Encontró un público positivo ante su arte y siempre halló con quién conversar sobre “sus garabatos”, dice al referirse a sus cuadros.
“Espero solo ofrecer a Panamá un poco más de color del que ya tiene, de alegría, de esperanza y de felicidad a todos aquellos que vendrán a ver mi pintura”, añade de la intención de pintar sobre escenarios istmeños.
