Una princesa rebelde de una galaxia muy muy lejana se convirtió en un ícono de multitudes en medio de una guerra épica entre las fuerzas del Imperio y los integrantes de la Orden Jedi.
De mirada desafiante, espíritu impenetrable y peinado de moños laterales, Leia fue una de las protagonistas de una epopeya espacial Star Wars que ha marcado generaciones desde finales de la década de 1970 hasta el presente.
Leia era Carrie Fisher, actriz que le dio su rostro al personaje desde aquel 25 de mayo de 1977 cuando llegó a las pantallas el fenómeno cinematográfico con Star Wars: Episode IV - A New Hope.
Fisher dejó de existir ayer tras pasar varios días hospitalizada por un infarto. Tenía 60 años. Y con ella se fue la princesa espacial, el amor de Han Solo, uno de los grandes romances del imaginario de la ciencia ficción.
Entre 1969 y 2017, Fisher participó en 90 producciones audiovisuales, pero será recordada especialmente solo por cinco de ellas, las cinco veces que se metió en la piel de Leia: 1977, 1980, 1983, durante la primera trilogía de Star Wars, en 2015 con el regreso de la fiebre gracias a Star Wars: Episode VII - The Force Awaken y en 2017, por última vez, con Star Wars: Episodio VIII, ahora en etapa de posproducción.
El de Carrie Fisher es otro nombre que se suma a la lista de personalidades de los escenarios que agitaron las masas, como pocos, en las décadas de 1980 y 1990 y que se han ido en 2016 como Prince o George Michael, entre otros.



