Un activista liberiano que protegió las selvas de su país contra los abusos de una empresa fabricante de aceite de palma ganó el Premio Ambiental Goldman, que fue compartido por otros activistas.
Alfred Brownell, abogado ambientalista, fue hace poco a una remota aldea en Liberia donde vio que la selva había sido arrasada por aplanadoras, cementerios habían sido volcados, santuarios habían sido profanados y el arroyo del que la gente dependía para el agua estaba contaminado.
Brownell culpó a la empresa Golden Veroleum Liberia, fabricante de aceite de palma. La compañía había recibido autorización del gobierno para ampliar sus actividades en el país y se disponía a convertir más de 2,000 kilómetros cuadrados de selva en plantaciones de aceite de palma. Fue obligado a huir de su país en 2016 cuando el gobierno amenazó con arrestarlo por sus actividades en defensa del medio ambiente.
“Fue una aniquilación total“, comentó Brownell, hoy en día profesor en la Escuela de Leyes Northeastern en Boston. “No era solo que estaban destruyendo la selva, destruyendo los hábitats de los animales, estaban cooperando con el gobierno para amenazar, acosar e intimidar a las comunidades”.
Un vocero de la compañía, Randall Kaybee, reconoció que “la compañía falló en atenerse a sus propias normas, lo que resultó en problemas para algunas comunidades”.
