El estetoscopio, aparato usado para auscultar, o mejor dicho, oír ruidos cardíacos o respiratorios y otros sonidos internos del organismo, podría tener sus días contados.
Este instrumento, inventado por el neumólogo René Laënnec en 1816, fue llevado a la palestra hace poco por los médicos Jagat Narula y Bret Nelson, docentes del Mount Sinai School of Medicine, quienes en enero plantearon en el editorial de Global Heart, el journal de la World Heart Federation, que este estaría pronto por archivarse.
En la publicación titulada Almost 200 years later, are we living in the final days of the stethoscope?, los autores señalan que en la práctica médica el uso del estetoscopio está siendo reemplazado por dispositivos portátiles de ultrasonido conocidos como ecógrafos de bolsillo.
“Mientras escribimos esto, varios fabricantes ofrecen máquinas de ultrasonido portátiles un poco más grandes que una baraja de cartas, con tecnología y pantallas similares a las de los teléfonos inteligentes”, citan los autores en la nota.
Agregan que los dispositivos portátiles de ultrasonido, al compararse con costosas y grandes máquinas de ultrasonido, resultan prácticos, su precio es más accesible y presentan imágenes que permiten hacer una interpretación médica.
En el editorial presentan al ecógrafo de bolsillo como el “estetoscopio del siglo 21”.
Otro artículo, publicado en marzo pasado en The England Journal of Medicine, resume que los estudiantes de medicina, además de aprender a auscultar con el estetoscopio, deben saber interpretar imágenes generadas por el ecógrafo.
Por otro lado, los estetoscopios de los médicos están más contaminados que sus propias manos, según presentó un reciente estudio publicado en Mayo Clinic Proceedings. Estos, al entrar en contacto con la piel de varios pacientes en un mismo día, son propensos a adquirir bacterias, por lo que los autores calificaron los estetoscopios como potenciales vectores de transmisión.
No obstante, el estetoscopio no se debe desechar como un objeto obsoleto, porque su uso constituye un método “indispensable” en el aprendizaje clínico, explica Bruno Hammerschlag, especialista en medicina interna y neumología.
