“¿Por qué odian el qawwali? ¿Por qué odian la música?”, se pregunta Talha Sabri, cuyo hermano Amjad, toda una estrella en este arte musical sufí, fue asesinado a plena luz del día en Pakistán hace casi dos años.
El asesinato asestó un golpe terrible al qawwali, una forma tradicional de música religiosa islámica muy apreciada en el sur de Asia, pero amenazada por grupos extremistas y el poco interés por ella de la juventud.
La policía calificó de “acto terrorista” el asesinato de Amjad, muerto de varios disparos efectuados por dos desconocidos que circulaban en moto. Miles de paquistaníes se manifestaron en Karachi (sur) durante su funeral en junio de 2016.
El ejército confirmó en abril la condena a muerte de dos hombres por este crimen, pero se desconoce quién lo ordenó. Cuando se produjo, un hombre que dijo pertenecer a una facción poco conocida de los talibanes paquistaníes declaró que su grupo asumía la responsabilidad del ataque.
Los fundadores de Pakistán consideraban el qawwali como parte de la identidad nacional. Su origen se remonta al siglo XIII y fue un elemento de cohesión social, ya que los habitantes de aldeas y ciudades se juntaban en los mausoleos sufíes para asistir a conciertos. Las actuaciones duran dos horas durante las cuales los músicos tocan sinfonías prodigiosas o improvisan. Parte del auditorio acaba sumido en estado casi de trance.
