Hace más de 100 años nace un portento de nuestra música, en el ensayo para la fiesta del Carnaval. Una corriente marina entra por el pie del bailador y se perpetúa en el alma nacional.
La Reina Roja/Pescao, santanera, ameniza la tuna de un reinado de Momo. Escenario de mítines y protestas proverbiales; del Che andariego y sin fama; del discurso prerrevolucionario de Fidel, el Parque de Santana es testigo de una práctica (clínica es neologismo horrible e innecesario), de la composición de La Reina Roja, del poeta Mario Cajar, y arreglo del músico Máximo Boza, cubano.
Un paisano negociante publicita su oferta ante carnavaleros tan ocupados, y, como si se tratara de un grito de guerra, levanta la voz: “pescao”, en el momento previo en que los coristas cantan y tararean el estribillo: “¡Viva la reina roja!”. El sentimiento colectivo ordena: “pescao” es el estribillo. No compran el fruto del mar, pero sí lo cantan.
El panañol (o panamés) fue catequizado por el habla andaluza, que ensordece, no siempre, la consonante ‘d’, como en pesca’o, que, en norma formal, es ‘pescado’, y lanza al mundo ese hechizo, que inmortalizaron la Orquesta de Armando Boza (hijo panameño del cubano Máximo), Lucho Azcárraga, quien maravilló al general Eishenhower en el palacete de Las Garzas, y Willie Colón, en su Asalto Navideño, en la voz de Héctor Lavoe, con el acompañamiento en la guitarra del tipo ‘tres’, por Yomo Toro. En ritmo samba, con batucada y silbato. ¿Qué más falta?
El vendedor no iba vestido de rayo. -Que me caiga un rayo-, en el argot fonsequiano posPanama Papers. Ni Pedro Altamiranda había inmortalizado el Carnaval en la Central, ni el Carnaval de Las Tablas…tu jummm. -¿Esto ser los carnavales?-. La comparsa de El Chorrillo en su estilo de exportación ni se oye. Saluditos de Carnaval al colega Pedro cronista.
La aspirante de la nómina roja a la reina del Carnaval 1919 de la ciudad de Panamá es María Teresa Vallarino. Por ella se empeñan los tunantes. Reinado, toda una irreverencia frente al régimen monárquico que nos colonizó y nos trajo las palabras, incluso pescado/pescao. La postulante azul es Catita Lewis, de los de “adentro”, San Felipe: los rabiblancos. La tuna ensaya “afuera”, en Santa Ana: los rabiprietos. Con tunantes de ambos barrios. Carnaval de fusión.
Ha concluido la Primera Guerra, ha nacido el Estado más gigante de la historia, la Unión Soviética y se ha inaugurado el Canal de Panamá. Nuestro timonel en Las Garzas es Belisario Porras, quien está en su segundo mandato. Cajar decide cantarle a la vida y al amor. El Carnaval es tremendo pretexto. El destino lo ha dispuesto así/cantando se olvida el dolor/gozaremos sin cesar.
Carnaval, manifestación nacida en la Edad Media. Y traída por los colonizadores a nuestras tierras. De origen foráneo, como buena parte de nuestras costumbres y otras aspirinas.
Fue la granada que encontraron los terrícolas para afrontar el poder -absoluto, eclesiástico, opresor-. Y los poderosos tuvieron que maniobrar, incluso con el calendario, la fuerza de esa manifestación.
En sus inicios, el Carnaval era un hervidero de gente enfrentada a la Iglesia y a los otros poderes. Tirar excremento y orines ante los fiesteros fue normal.
El autor es periodista y filólogo.
