Leonte Bordanea opina que Jesucristo SuperStar, que se presenta en el Teatro Nacional del 1 al 7 de junio, tiene dos contextos claros.
Por un lado, está su costado religioso: “cuenta la historia de un hombre y su entrega por un ser divino y demostrar al mundo hasta dónde estaba dispuesto a llegar para hacerlos creer en ese poder”, resalta quien encarna a Jesús en esta puesta en escena producida por Janelle Davidson y Gina Cochez.
El otro punto, dice Bordanea, es la parte social de esta pieza de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice: “El poder calla al pueblo y acaba con su líder. Esta historia es la de muchos otros, salvando las distancias, como Ghandi, Malcom X, Che Guevara, John Lenon, etc. Todo el que atente contra el sistema establecido recibirá como castigo la muerte”.
De acuerdo con Randy Domínguez, cuya misión es ser Poncio Pilatos, se trata de la “doctrina cristiana adaptada a la velocidad del mundo actual. Jesús como un fenómeno pop. La fama y todo lo que se mueve a su alrededor: fans que idolatran a una figura sin entender bien lo que ella representa y aquellos que arremeten contra él por envidia o para demostrar que son más poderosos”.
El norte de este musical, plantea Domínguez, es recordar a Jesús “como el mito de la rebeldía frente al poder. Siempre habrá héroes anónimos que luchen por la honestidad frente al poder corrupto de los grupos de presión: fariseos de todos los tiempos que manipulan las masas, tan capaces de fabricar y enaltecer al héroe como de condenarlo y destruirlo”.
Janelle Davidson, quien además de productora encarna a María Magdalena, opina que Jesucristo SuperStar es sobre “la necesidad de aspirar a un ideal mayor; el deseo de encontrar una salvación; la duda que siente todo líder antes de emprender una odisea peligrosa y el sacrificio personal que hacen tanto ese líder como sus seres queridos”.
Esta obra, opina Aaron Zebede, director de Jesucristo SuperStar, demuestra lo “peligroso que es una revolución o una campaña mediática mal llevada y cuáles pueden ser sus desenlaces”.
Para Luis Arteaga, que entra en la piel de Caifás, esta pieza le pregunta al espectador: “¿qué pasaría con Jesús si hubiese estado hoy entre nosotros? Y eso me cuestiona a mí: ¿Cómo actuaríamos nosotros hoy?”.
Para Jossie Jiménez, responsable de las coreografías, su gran mensaje es que “amar es imperfecto en todas sus extensiones y que el amor incluye sacrificio, tristezas y alegrías”.
Manuel Corredera (Judas) considera que esta obra es sobre “el amor al prójimo, la comprensión y la tolerancia. Pero también que la verdad absoluta no existe”.
Miguel Cuadra, quien es Herodes, indica que este montaje proclama que “tenemos que aceptarnos como somos, y no tratar de cambiar a los demás porque cada persona tiene sus motivos y sus sentimientos”.

