Félix Poznanski es uno de los muchos sobrevivientes del Holocausto que aún quedan para dar fe de una época de la historia que causó mucho dolor y destrucción, y cuyas consecuencias se sienten al día de hoy.
El Holocausto es el paradigma de aquello que no se debe repetir, y demuestra la capacidad mortífera del odio y la mentira para, al final, tratar de diezmar a un pueblo de la manera más cruenta y desgarradora posible.
La historia de Poznanski —quien comparte su testimonio en el libro Mi vida más allá de Auschwitz— comienza en el año 1934, cuando nació en Francia; cinco años después su familia se mudó a una localidad cercana a la frontera con Bélgica.

Desde niño, Poznanski vivió los horrores de la persecución, cuando la fuerza aérea de la Alemania nazi, la Luftwaffe, bombardeó la ciudad en la que vivía en 1940 y se vio obligado a huir de la violencia, junto a un primo. Su padre estaba en las filas del Ejército francés y luchó en contra del ataque de las fuerzas de Hitler.
Estando en Niort, ciudad del noroeste francés a la que llegó con su primo cuando escaparon de las bombas, recibió un telegrama en el que le informaban que su padre había resultado herido y se encontraba en el hospital de la ciudad de Lyon.
El antisemitismo. Una preocupante tendencia al alza
El embajador de Israel en Panamá, Itai Bardov, señaló su preocupación porque hoy en día cualquier antisemita puede tener la facilidad de realizar publicaciones en las redes sociales, por lo que hay que estar alertas en este sentido. También enfatizó en los recientes ejemplos del antisemitismo, como la toma de rehenes de una sinagoga en Texas, por un terrorista, y el que una profesora de México haya dicho un chiste antisemita, así como la negativa de Irán a reconocer el Holocausto.
En 1942, en esa misma localidad, su padre fue capturado por la Gestapo y objeto de una golpiza, incluso le pegaron con un revólver en la cabeza. En ese momento, el niño Poznanski trató de defender a su padre, abalanzándose a los pies de los militares que estaban maltratándolo, pero estos lo abofetearon y lo tiraron a un lado. No pudo hacer nada para salvar a su padre de la tortura, que lo dejó literalmente desgarrado (le rompieron las costillas y lo dejaron prácticamente sin dientes), narró el sobreviviente durante un acto organizado por la Embajada de Israel en Panamá.
Aún siendo un niño, Poznanski fue trasladado al campo de concentración de Auschwitz, en donde logró la hazaña de escapar.
En este campo de concentración, ubicado en Polonia, perecieron alrededor de 1.1 millones de personas.
Las vivencias de Poznanski son más importantes que nunca para que las presentes y futuras generaciones no se olviden de la historia, por lo que el director de la red judía latinoamericana Lazos en Panamá, Walter Melman, expresó que eventos como éstos son fundamentales para mantener viva la memoria y el mensaje del “nunca más”. Al tiempo, instó a organizar más encuentros con sobrevivientes del Holocausto, los cuales, dijo, “vinculan el pasado con el futuro y nos invitan a interpelarnos en nuestra responsabilidad como ciudadanos del mundo”.

El embajador de Israel en Panamá, Itai Bardov, expresó, que el día en recuerdo de las víctimas del Holocausto, que se conmemora el 27 de enero de cada año, es un día no sólo importante para los judíos, sino para todos los seres humanos, para recordarnos las consecuencias terribles del odio, del antisemitismo y del racismo ciego.
“Nosotros debemos estar vigilantes y alertas, y alzar la voz por aquel que está siendo intimidado o atacado por su religión, color de piel, su género o cualquier otra razón”, afirmó.

