En 2019 se despidieron de las pantallas series icónicas con más pena que gloria como The Big Bang Theory o Game of Thrones, mientras que otra, Orange Is the New Black, resurgió para concluir con una profunda reflexión sobre el vaivén de la vida.
Mientras que el desenlace del fenómeno Game of Thrones decepcionó (calificación de 58/100 de la crítica) y el de The Big Bang Theory transcurrió con cierta indiferencia (82/100), la comedia dramática Orange Is the New Black logró levantar su argumento venido a menos en anteriores temporadas, para cerrar con una valoración sobresaliente de 97/100, al alcance solo de títulos emblemáticos de la televisión como Breaking Bad, Mad Men o The Wire.
Desde una mirada amplia, el cierre de Orange Is the New Black, que narra el año que pasó Piper Chapman en la Penitenciaría Federal de Litchfield por tráfico de drogas, le recuerda al espectador que la vida tiene tonos blancos, negros y también grises, y que por muchos golpes que se reciban o errores que se cometan, siempre se puede salir del fondo para arreglarlo. O al menos intentarlo, una y otra vez.
El final de las reclusas Tasha Taystee Jefferson, Nicole Nicky Nichols, Suzanne Warren, Blanca Flores, Gloria Mendoza, Cindy Hayes o Piper Chapman, es un festín de sensaciones: amor y odio, alegría y dolor, justicia e injusticia, oportunidad y desesperanza, rencor y también perdón.
Por eso las internas de Litchfield hablan de no olvidar los errores que cometieron para tratar, de a poco, de remediarlos; de seguir bateando para ver qué se puede golpear más adelante, y que la vida, aunque dura, siempre puede sorprender.
Porque el destino de cada personaje recuerda que por nuestras acciones recibimos condena o redención, que buenos y malos no siempre reciben su merecido como en un cuento de hadas y que a veces hay que ir al límite para enfrentar un gran problema.
El valor del apoyo familiar, insistir sin claudicar y que el camino puede ser a veces muy difícil, son otras reflexiones de Orange Is the New Black, que debutó en 2013 en Netflix y pronto se convirtió en uno de los fenómenos de audiencia de la plataforma tras House of Cards, capturando 26 millones de televidentes.







