En principio, Sin muertos no hay carnaval es sobre los asentamientos ilegales e irregulares que ocurren en el noroeste de Guayaquil, aunque en el fondo la crítica social de esta aguerrida película del realizador Sebastián Cordero tiene un mayor alcance.
Con Sin muertos no hay carnaval este director desarrolló una producción que maneja más de un tema candente que ocurre, con tristeza y con demasiada frecuencia, en más de un país latinoamericano.
Aunque la trama de su intenso thriller ocurre en un Ecuador que se esfuerza por seguir adelante en pos del desarrollo y que encuentra obstáculos de la mano de seres sin escrúpulos, en más de un país de este continente americano hay evidencias claras de casos similares de corrupción que deterioran la política, la justicia, el deporte y casi cualquier sector donde la ambición le ha robado la decencia a una nación.
En más de un lugar en esta parte del mundo los pobres son meras fichas para los planes de políticos sin valores y gobernantes que solo desean robar a los que lo llevaron a la presidencia, tal como lo plantea el quinto largometraje ecuatoriano de Sebastián Cordero.
El realismo que ofrece Cordero en esta producción, le recuerda a la audiencia que los pueblos tienen un límite de aguante, que hay un momento en que los abusos son tantos, que la gente puede dejar a un lado la moral y la ética para resolver la ley por sus propias manos, y es cuando el caos reina y entonces la situación pierde toda cordura y la fuerza bruta reemplaza cualquier principio civilizado.
Sin muertos no hay carnaval, rodado durante ocho semanas en distintas zonas de Guayaquil, está presente en la programación del Festival Internacional de Cine de Panamá.
Este filme, protagonizado por Daniel Adum Gilbert y Víctor Arauz, se proyectará mañana domingo 2 de abril, a las 6:00 p.m., en la sala 5 de Cinépolis Multiplaza, y se repite la función en la misma sala y en el mismo complejo el martes 4 de abril, a las 9:15 p.m.
