Como un testigo callado de la historia, la Basílica Menor de Santiago Apóstol de Natá se mantiene en pie, siendo uno de los más importantes legados culturales religiosos que dejaron los españoles en Panamá.
La basílica, cuya construcción empezó en 1522 y fue terminada un siglo después, es la más antigua que aún se mantiene en pie.
De hecho, Natá, en la provincia de Coclé, es hoy la población cristiana más antigua del istmo y del litoral Pacífico del hemisferio occidental, según datos contenidos en un artículo del historiador Alfredo Castillero C. en la revista Lotería de 1972.
Se dice que su construcción fue ordenada por el gobernador de Castilla de Oro, Pedro Arias de Ávila, quien nombró a Santiago Apóstol como patrono de la ciudad.
La basílica está dividida en cinco naves y tiene ocho altares, así como un púlpito que se utilizaba en el tiempo de la colonia.
Desde su torre pueden divisarse las ciudades de Natá y Aguadulce, así como los altares mayor y menor.
Construida de cal y canto, dueña de un estilo arquitectónico barroco y detalles ornamentales platerescos, la iglesia es una parada turística obligatoria para quienes quieran sumergirse en la historia y la cultura religiosa de la época.
En total son 183.5 kilómetros los que separan a la ciudad de Panamá de la de Natá, que en su momento fue una de las más célebres del istmo y que ha logrado preservar los vestigios de su historia, como un tesoro que luego de casi cinco siglos aún puede ser disfrutado por las nuevas generaciones.

