La reacción de una sociedad ante una pandemia es confusa y hasta visceral. Desarrollamos una secuencia lógica en fases sucesivas. Hasta llegar a nuestra capacidad de adaptación. Padecemos hoy un atropello emocional. Todos hemos sentido ansiedad, terror, alivio, humor, repulsa, esperanza, hasta de una forma simultánea.
Piense en los galones del mariscal Sucre y en los retenes. ¿No hay sistema menos oneroso que un retén para perseguir infractores? ¡Cuánto pierden en tiempo y recursos los parroquianos y el Estado? Está muy mal vista la pesca de trasmallo. Violenta sentido común, sesos, plata, mente.
Sobre infractores, segmentar infractores oficiales de los decretos anticovid. Tú los cumples. No chistees. ¿Eres del círculo 0 de quien se las rifa? Tranquilo: en Panalandia, en sus 502 años de fundación, desde el poder político, que tanto es añorado, se predica, no con el ejemplo, sino con la infracción.
Póngase en fila funcionario infractor del decreto anticovid. Boss lo llevará a pasear, sin collar.
No se alarme: vivimos en la llamada metamodernidad. Lo estable es el carácter inestable de la época. Su fragmentación. Era del engaño.
La Corte Suprema, de supremas rarezas, ayer aceptó el vacío de imputación (no me trastees las vocales) y hoy es al revés. Apuesta al mejor postor. Mañana se borrará ese fallo y sí será no, y después no, sí. La fiesta del engaño: no puede haber aglomeración si no tienes palanca. Si todos están entretenidos en la covid qué importa que el fallo se desdiga. Son tiempos de pandemia, metamodernidad y oclocracia. ¿Oclo qué? La tuya… primero.
¿Solo en la Corte? Corte-sana. ¿Y los diputados? ¡Viva el maná del presupuesto! Crispulín cumple. ¿Y Héctor perdió a Helena? Bellaca esa princesa. Si lo ven, me lo saludan.
Si les aumentan el presupuesto deben retribuir con trabajo comunitario, ah, cambiaron la denominación, que el papel aguanta, a servicio social comunitario. La danza de los millones en pandemia. Pandemonium. Paga la banca prestamista de fuera. Después nos cobrará con nuevas lágrimas. No suficientes aquellas vertidas por la incursión del enemigo invisible.
¿Metamodernidad? No se haga problemas. Mírele el rostro a la Ruta de la Seda, Me Grabaron, Me Grabaron, Achú, al que se la rifa, Carrizal, Mariscal, Pinate y Crispulín. Encarnan la esencia de la definición.
Vivimos entre realidades opuestas. EWl Gran Hermano acechando, también en Capira.
¿Me añadieron grafeno a las vacunas? Sesgo aquí, sesgo allá. Mejor adormecerse, desmovilizarse y estar desinformado.
Tiempo de incertidumbre, de sesgo, de juegavivo, más aún.
Esa incertidumbre retrata la metamodernidad. Y la pandemia le cae como anillo al dedo. Súmele a la metamodernidad aquella abstracción griega de la oclocracia. Muchedumbre no organizada, caos y bullicio.
Está en nuestras narices. Hay prototipos en la avenida. Patentados.
El término oclocracia fue acuñado por Polibio, historiador griego, en su obra Historias, escrita en torno al año 200 a. C. Polibio desarrolló su propia teoría de la anaciclosis, basándose en las tres formas de gobierno aristotélicas y sus correspondientes aberraciones, sustituyendo la demagogia, como forma degenerada de la democracia, por el nuevo concepto de oclocracia.
La democracia es el “gobierno del pueblo”, que con la voluntad general legitima al poder estatal, la oclocracia es el “gobierno de la muchedumbre” (masa o gentío) es un agente de producción biopolítica que, a la hora de abordar asuntos político presenta una voluntad viciada, confusa o irracional, por lo que carece de capacidad de autogobierno. Retrata nuestra realidad.
El autor es periodista y docente
