En su poemario Sinfonía jubilosa en doce sonetos, Stella Sierra le canta al suave aroma que ofrece el mes de abril, le rinde honor a la desnuda noche y al travieso ruiseñor que enamoró a la coqueta rosa.
“Sinfonía jubilosa fue la revelación de una poetisa espléndidamente dotada: la pureza de su léxico, su dominio de las formas de la poesía española de los siglos áureos, su espiritual tratamiento del tema amoroso, su eufórica identificación con la naturaleza del trópico resultaron un regalo inesperado”, juzga así esta obra el ensayista Rodrigo Miró en el prólogo de otro libro de Sierra: Libre y cautiva: verso y prosa, obra escogida (1984).
En México, Sierra publica su libro de poesía más alabado y de mayor madurez creativa: Libre y cautiva.
El lector descubre en Libre y cautiva a otra Sierra. Encuentra en estos versos a una mujer sensual, sensible. Un ser que conoce el amor. Que desea amaneceres, cantos, suspiros, delirios, besos, delicias, alientos.
“Cada uno de sus libros representa un período particular de su vida, aunque la crítica ha destacado más Libre y Cautiva”, plantea Mario García Hudson, uno de los organizadores de una exposición sobre Sierra: “Punto del tiempo – eje del infinito”, que se presenta en la Biblioteca Ernesto J. Castillero R. hasta el mes de mayo.
Le publicaron sus poemas en el semanario Sábado de Bogotá, Colombia, y en la revista Cultura de El Salvador. Escribió en Mundo Gráfico de Panamá en épocas diferentes, primero a través de la columna literaria “Marginalia” y posteriormente en la página cultural “El mundo de las letras”.
Igual lo hizo en la revista nacional Épocas y colaboró con el Correo Literario (Madrid) y en la revista mexicana Poesía de América.
En sus años de docencia, Stella Sierra laboró en distintas secundarias del país: el Instituto Nacional, el Liceo de Señoritas, el Instituto José D. Moscote y el Instituto de Enseñanza Superior.


