Luis Maldonado, el único fotógrafo de cajón que queda en la Plaza de Armas de Santiago de Chile, y uno de los pocos que hay en el país, admite que los clientes son escasos. Pueden pasar días y hasta semanas hasta que alguien le pida un retrato.
Maldonado se resiste a abandonar la cámara oscura creada a fines del siglo XIX a la que la luz ingresa por un pequeño agujero en una de sus caras y que contiene un papel fotográfico que capta manchas que son una imagen invertida del objeto fotografiado. El cajón trabaja como cámara y laboratorio simultáneamente. Su proceso es más costoso que el de las cámaras digitales: unos 3 dólares contra 7.5 dólares.

