El fallecimiento de la matriarca de la familia fundadora de L’Oreal, S.A. llevó la atención a una heredera solitaria de 64 años que ahora se ha convertido en la mujer más rica del mundo.
Françoise Bettencourt Meyers se ha mantenido alejada de la vida social que su difunta madre, Liliane Bettencourt, abrazó alguna vez.
Bettencourt Meyers es conocida por tocar el piano durante varias horas al día y ha escrito dos libros: un estudio de cinco volúmenes sobre la Biblia y una genealogía de los dioses griegos. “Realmente vive en un capullo”, dijo Tom Sancton, autor de El asunto Bettencourt, quien destacó que incluso cuando era pequeña parecía incómoda en el mundo de los ricos. Ese tipo de reclusión será más difícil de mantener como cabeza de la cuarta mayor fortuna de Europa.
Con la muerte de Bettencourt, los analistas han comenzado a plantear una variedad de escenarios, tales como una recompra de acciones de Nestlé por parte de L’Oreal o una oferta adquisición por la empresa con sede en París. La heredera ha dicho que poco cambiará.
Ella ha mostrado menos interés en los asuntos de L’Oreal que su madre, pese a su papel como miembro del directorio durante más de dos décadas. “Aparecía en las reuniones, pero a diferencia de Liliane nunca se involucró”, dijo Sancton.
Tuvo una relación difícil y a ratos polémica con su madre. Un juez francés designó a Bettencourt Meyers y sus hijos como guardianes de los intereses de Liliane en 2011.
Criada como estricta católica, Bettencourt Meyers se casó con Jean-Pierre Meyers, nieto de un rabino asesinado en Auschwitz.
Los dos hijos de la pareja han mostrado más interés en L’Oreal, pero aún queda por ver si Bettencourt Meyers asumirá un papel más activo en una compañía largamente asociada a su madre.