Un sonido es una sensación percibida en el oído, producida por las vibraciones que se propagan en forma de ondas, dice la otorrino Stella Rowley.
“Estas ondas son recogidas por el pabellón auricular (oreja) y viajan por el conducto auditivo externo hasta llegar al tímpano. Esta membrana vibra y hace que se muevan tres huesecillos (martillo, yunque y estribo) que amplifican estas ondas y las transmiten hasta la cóclea (oído interno)”. Es en este lugar donde las vibraciones son transformadas en impulsos nerviosos que son transmitidos por el nervio auditivo al cerebro, donde son interpretados, afirma.
El estribo funciona como una puerta que deja pasar los sonidos hacia la cóclea. “Los ruidos activan el músculo del estribo por un mecanismo reflejo complejo que cierra esta puerta realizando una función protectora por un tiempo limitado; si la persona no se aleja de la fuente del ruido, el músculo termina fatigándose y permite el paso de los sonidos ruidosos a la cóclea. Pero como este reflejo no es inmediato, es incapaz de proteger al oído de sonidos intensos y súbitos”.
