El sol está en lo más alto y el fogaje del horno y el humo no dan tregua en la cocina artesanal donde Emilio Ruiz, de 67 años, no claudica en la misión de batir con un mecedor rústico de madera la mezcla para los manjares que está en pleno proceso de cocción.
A unos metros y con sus propios afanes se encuentran Ernesto García, de 16 años, y Eugenio Rodríguez, de 34 años. El primero hace una mezcla para huevitos de leche y el segundo, para los tradicionales bocadillos.
“Hay que batallar con el calor y el humo, pero ya estamos acostumbrados”, coinciden, sin elevar la mirada ni detener su trabajo.
Los dulces artesanales se preparan desde temprano, aunque el proceso no es largo, pero sí pesado.
Así es el día a día desde hace más de 30 años en la fábrica Manjar Blanco Aguilar, en la comunidad de Pozo Rico, en Antón, Coclé, una de las regiones de referencia cuando se habla de estos dulces tradicionales hechos en el interior del país, muy solicitados en fechas como Semana Santa.
En esta fábrica se producen desde manjares hasta cocadas con diversos ingredientes, comenta su propietario Adalberto Aguilar.
La mayoría de estos dulces lleva los mismos ingredientes, varía uno que otro, explica Nidia Oses, esposa de Aguilar. Leche, azúcar, harina y maicena son básicamente los ingredientes que se utilizan para preparar estas delicias tradicionales que llevan a casa locales y foráneos cuando visitan la tierra de Victoriano Lorenzo.

