El mundo se estremeció cuando fueron divulgadas las imágenes satelitales que confirmaban que la barbarie yihadista del Estado Islámico (EI) había volado por los aires parte de los templos y museos de la ciudad siria de Palmira, declarados patrimonio cultural de la humanidad por la Unesco.
Pero no todo estaba perdido. Horas antes de que los primeros milicianos de EI entraran en la histórica metrópolis fundada por los romanos, el director general de antigüedades de Siria, Mamun Abdulkarim, puso a salvo parte del repertorio artístico.
Parte de los tesoros custodiados en el Museo Arqueológico de Palmira fueron evacuados en tres camiones rumbo a Damasco. Pero solo parte. La heroica gesta no consiguió rescatar los bustos funerarios que estaban insertados con vigas de hierro en las paredes del Museo Arqueológico de Palmira y que fueron salvajemente dañados a martillazos por los terroristas.
Una vez recuperada Palmira por el ejército de Bachar el Asad – que estuvo en manos de EI entre mayo de 2015 y marzo de 2016- los responsables sirios confiaron a la excelencia italiana la cirugía estética de algunas de esas obras ultrajadas. Se trata de dos relieves del siglo II o III d.C. esculpidos en mármol calcáreo que representan a una mujer y un hombre de la aristocracia primigenia de la ciudad.
El hombre viste una toga y tiene en la mano un pergamino, mientras que la mujer, cuyos cabellos están recogido en una diadema de diamantes, endosa un vestido típico del país con un velo. “Las piezas llegaron hasta nosotros totalmente devastadas, explica a este periódico la directora arqueológica del Instituto Superior para la Conservación y la Restauración (ISCR), Gisella Capponi. Esto ha exigido el uso de alta tecnología como el escáner láser o la reconstrucción de las porciones rotas en tres dimensiones”.
La furia devastadora de los milicianos del EI se cebó en particular con los rostros que fueron prácticamente despegados de su base marmórea y hechos añicos. El busto masculino estaba partido en dos grandes fragmentos y, además, le faltaba la parte izquierda del semblante que incluía el ojo, la mejilla y la oreja. Los restauradores han conseguido replicar simétricamente la zona a partir de una prótesis de plástico que se adhiere con imanes.
“Esperamos que algún día se pueda recuperar la parte original. Por eso decidimos intervenir con una pieza desmontable que permitiera una hipotética recomposición”, agrega Capponi.
Al femenino le faltaba toda la parte frontal que la había dejado sin semblante. “Hemos pegado todas las partes que lograron recuperar como si fuera un puzle. Por ejemplo, la nariz no será recreada porque no tenemos esa fracción original.
Nuestro trabajo es cerrar las fisuras, no crear nada nuevo. Esta es la llamada línea de restauración conservativa italiana que pretende recuperar su testimonio histórico”, explica Clavia Bischetti, una de las restauradoras que reencajó las piezas.





