En el Carnaval capitalino la sardina cobra vida unas horas antes de su entierro. De cuerpo voluminoso, refistolera y hablantina, da en vano sus últimas justificaciones para que continúe la farra y así librarse de su sepultura en la madrugada del Miércoles de Ceniza.
Sus seguidores, una gran cantidad de maltrechos fiesteros, otros menos curiosos, que no quieren perderse el último resquicio del Carnaval antes de devolverse a sus estados de cordura social, le vitorean. La sardina se hace llamar Grethel Ligoria Yamileth, un personaje concebido por Flavia Cozzarelli -una de las organizadoras del Carnaval 2017, Un país en fiesta- y encarnado por la actriz panameña Elizabeth Jipsión.
La estrella de teatro fue seleccionada el año pasado para desempeñar el papel de la sardina y repite este año en la piel escamosa de Grethel Ligoria Yamileth.
El personaje posee estos tres nombre porque tiene características ligadas y mezcladas, argumenta la actriz. “Es Grethel porque pertenece a la realeza, habla de manera estilizada por su procedencia; es Ligoria porque viene patrocinada por una marca de atún; y es Yamileth porque tiene reacciones y bailes muy parecidos a los de la clase popular”.
Cozzarelli quiso revivir el fervor por la clausura del Carnaval dando un rostro y cuerpo a la sardina. Es una experimentada en asuntos alusivos a la organización de la fiesta más importante del panameño, y se propuso darle un chispazo al cierre de la celebración.
“Antes solo se enterraba unas sardina en su propia lata y el acto no trascendía por su monotonía” describe como testigo del ritual que ella misma desenterró hace un año.
Ahora, se construye un ataúd en forma de lata sardinera y el pez vivo se introduce, soslayado por una serie de letanías (tonadas), también creadas por Cozzarelli. “Para que consiga el billete que hay que pagarle al prestamista... Te lo rogamos Ligoria/Por proveer el catre y el inflable para dormir la juma diaria…Te damos gracias Ligoria/Llévate los días que pasamos hambre para ahorrar platita pal’ carnaval… Llévalo a tu lata Ligoria”.
La marcha fúnebre, que empieza a las 2:00 a.m. del Miércoles de Ceniza, es ambientada por los músicos de la murga, que tocan a ratos melodías tétricas y en otros los himnos más representativos del Carnaval panameño.
Grethel Ligoria Yamileth viste un atuendo llamativo, salpicado de lentejuelas y provisto -hacia el faldón- de un corte sirena. Usa guantes como la realeza y un maquillaje especial que simula la piel escamada y plateada en el rostro.
“Fue un reto hacer este personaje por primera vez”, dice Jipsión, también locutora radial, quien acostumbra a enseñar actuación para niños en Acting Studio.
Está dispuesta a seguir haciendo las veces del divertido pez durante los próximos carnavales.
Por el momento, Jipsión ha entrado en la historia como la “primera sardina propia del Carnaval capitalino”, en los cuales el gobierno nacional destinó 1.5 millones de dólares, gestionados por la Autoridad de Turismo de Panamá.
De los testigos de la marcha fúnebre de Grethel Ligoria Yamileth hasta su morada final, Jipsión recuerda a un público empático que seguía el desenvolvimiento del show con complacencia y algarabía.
Cozzarelli también hace partícipes a la reina del Carnaval, de esta manera, la soberana Giselle Ow Young y sus princesas, Katerine Norato y Marelys Medina visten elegantemente de negro y se enjugan las lágrimas con un pañuelo, reafirmando la tristeza por la despedida de la tan esperada fiesta anual del rey Momo.
Más del culto al minipez
La autenticidad de la leyenda del rey español Carlos III y su fiasco con las sardinas podridas, es rebatida por otras dos versiones. Una hace referencia al despido en la época de uno de sus ministros apodado Sardina. El último día en el palacio, el pueblo celebró una mascarada, el tal Grimaldi -nombre real, según apunta el historiador Gómez Salazar en el portal www.edicioneslalibreria.es-, vestía un traje entretejido de plata, que sumado a su esbelta figura hacía semejanza con una sardina.
Y una tercera versión es que al costillar del cerdo se le conocía coloquialmente como sardina, por lo tanto, los excesos de este manjar eran puestos bajo tierra por la entrada del tiempo de ayuno en que ingerir carne de cerdo era una falta a los principios religiosos.
En Panamá, según la Enciclopedia de la Cultura Panameña para Niños y Jóvenes de 1985 en referencia al Carnaval de Panamá, detalla una práctica en Miércoles de Ceniza que se distancia del entierro de la sardina. Se refiere a la costumbre de “peleadores de bandera” en el Carnaval tableño, en donde un designado del bando de Calle Abajo y Calle Arriba luchaba por intentar romper primero la bandera de la tuna rival con una cocadita de metal que cada una tenía en el extremo de la tela. Actualmente, la práctica es suplantada por el tradicional topón, donde las reinas contrarias se encuentran para cantar por última vez sus tonadas y hacer un despliegue de fuegos artificiales. Queda a juicio de las masas determinar cuál soberana ha sido la vencedora.




