Pese a las dudas iniciales, los sectores de la moda y el lujo han tomado medidas económicas contra Rusia en represalia a la invasión de Ucrania, con la limitación de su presencia en el país y ayudando a los refugiados.
El grupo francés Hermès anunció el viernes el cierre “temporal” de sus tres tiendas en Rusia y siguieron su ejemplo otras grandes empresas francesas del sector, como Chanel, LVMH y Kering.
“Teniendo en cuenta las circunstancias actuales en la región, LVMH lamenta anunciar el cierre temporal de sus tiendas en Rusia a partir del 6 de marzo”, dijo un portavoz de LVMH.
Antes de estas empresas francesas, el grupo británico Burberry ya había suspendido las entregas de sus pedidos en Rusia, debido a “dificultades operativas”.
Aunque Rusia podría parecer un país propicio al sector del lujo, solo representa en realidad un pequeño porcentaje de los ingresos de las empresas, por ejemplo, a penas un 1% para Kering o Burberry o el 2% para LVMH.
LVMH, que cuenta con hasta 75 marcas, solo tiene 124 tiendas en Rusia, mientras que Chanel y Kering apenas poseen 17 y dos franquicias respectivamente.
No obstante, los rusos también suelen comprar estos productos de lujo en tiendas de París, de la Costa Azul francesa o en otros países occidentales.
A diferencia de otros sectores, el lujo no sufrió los efectos la crisis sanitaria por la Covid-19 y las empresas del sector registraron beneficios récord, pasando de 7 mil 800 millones de euros ($8 mil 530 millones) a 12 mil millones ($13 mil 120 millones). Este crecimiento se debió básicamente a los clientes en países emergentes, sobre todo China, pero también Brasil y Rusia, lo que hace dudar a estas empresas antes de tomar decisiones que los distancien de algunos de sus clientes.
En la industria de la moda, las multinacionales también tomaron sus primeras medidas en represalia. La sueca H&M anunció el miércoles que suspendía su actividad en Rusia y lo mismo hizo este sábado la española Inditex, propietaria de Zara, que anunció que suspendió “temporalmente su actividad en las 502 tiendas” que tiene en Rusia (86 de ellas de Zara), así como los sitio de ecommerce. Dijo, además, que para las 9 mil personas que trabajan para ellos desarrollará un plan especial de apoyo.
Aunque muchos grupos del lujo prefieren no posicionarse sobre la guerra en Ucrania, algunas empresas se solidarizaron con el pueblo ucraniano, por ejemplo Balenciaga (grupo Kering), que se puso la bandera ucraniana en su cuenta de Instagram y difunde informaciones sobre la invasión. Uno de los motivos de este compromiso es la historia personal del director artístico, Demna Gvasalia, un georgiano que huyó con 12 años de su país a causa de la guerra.
En plena semana de la moda en París, algunas modelos, como la argentina Mica Argañaraz, anunciaron que donarán sus ingresos a asociaciones ucranianas.
La Federación de la Alta Costura aún no decidió si mantiene el desfile virtual del estilista ruso Valentin Yudashkin, que diseñó los uniformes del ejército ruso.
Los gigantes del lujo también anunciaron donaciones millonarias a oenegés que asisten a la población en Ucrania y a los refugiados que huyeron del país en guerra. Por ejemplo, LVMH donó 5 millones al Comité Internacional de la Cruz Roja; Chanel, 2 millones a la oenegé Care y Acnur; y Louis Vuitton, 1 millón a Unicef.

