Llega San Valentín y las rosas de Ecuador hacen su mayor desfile anual, en el que algunas variedades marcarán tendencia y otras caerán en el olvido, como en las pasarelas de alta costura.
De tallos gruesos y de hasta 90 centímetros de largo, botones grandes por la abundancia de coloridos pétalos y hojas brillantes, las rosas ecuatorianas se precian de ser las más bellas y de mejor calidad del mundo.
En el competitivo mercado de flores, en el que Ecuador es el tercer exportador detrás de Holanda y Colombia, estar al día en estilo es indispensable.
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La rosa “es un producto que se maneja con tendencias como la moda; básicamente se mueve por el interés comercial que buscan en ella los clientes finales”, dice Socorro Martínez, gerente en Ecuador de Dümmen Orange, una empresa holandesa dedicada a obtener nuevas variedades.
En la finca de esa firma, en la andina localidad de Cayambe (norte de Quito), crecen anualmente unas 15 nuevas variedades, de entre mil que se prueban en laboratorios. La Deep Purple o la Red París son las estrellas sobre una pasarela de tierra. El color morado de la primera y el rojo intenso de la segunda flecharon hace tiempo el corazón, sobre todo de los europeos.
Las rosas de jardín eran el patito feo de las flores. Hoy son dueñas de un mercado atraído por las raras figuras que se forman en su centro. Era “considerada una flor deforme, pero hemos descubierto unas características únicas. A veces tienen forma de corazón o de triángulo” en el centro del botón, explica Socorro Martínez.
Algo parecido ocurre con variedades como la Pink Eye o la Red Eye. Su rareza consiste en tener un centro en el que crecen una suerte de tentáculos verdes.
