CULTURA

El señor de Macondo

Un grupo de participantes de Centroamérica Cuenta, festival literario que terminó el sábado en Managua, conversa sobre Gabriel García Márquez.

El señor de Macondo
El señor de Macondo

Con Cien años de soledad pasó algo que pocas veces ha ocurrido con una novela de un escritor latinoamericano en este continente durante el siglo XX: recibió el beneplácito tanto de los críticos como de los lectores.

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Esos inventos que son realidadMaestro de la reportería mundial

Así lo recuerda en Managua el escritor Sergio Ramírez (Nicaragua), quien junto a otros colegas participantes del festival Centroamérica Cuenta, rememora el valor de este clásico de las letras en español publicado en junio de 1967, y a su autor, Gabriel García Márquez.

“Sus primeros 10 mil ejemplares se vendieron en poco tiempo, en una semana, y sin casi invertir en publicidad”, asevera el vencedor del Premio Internacional de Novela Alfaguara por Margarita, está linda la mar (1998), y quien por entonces residía en Costa Rica.

Cuando la leyó le fascinó de inmediato, aunque pronto descubrió que a la vez era un “libro venenoso porque te llevaba a la imitación directa” del estilo de Gabo.

Por esa razón, Ramírez no regresó a conversar con José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán hasta muchos años después, cuando lo invitaron a dar una serie de charlas en Estados Unidos sobre literatura de América Latina.

Al novelista y académico Edgardo Rodríguez Juliá (Puerto Rico), más que el realismo mágico que se desborda en las páginas de este título de culto, lo que le agrada es que estudia la cultura de la violencia en la región, y sabe retratar el sentido territorial de la gente del campo, y de paso, lo asocia a los cuentos de El llano en llamas (1953) y a la novela Pedro Páramo (1955), ambas de Juan Rulfo (México), “quizás porque ambas eran novelas rurales”, agrega.

Carlos Franz (Chile), que ganó el Premio Bienal Vargas Llosa 2016 con la novela Si te vieras con mis ojos, tenía 18 años cuando le llegó a sus manos Cien años de soledad.

A Franz no se le ocurrió imitar la forma de contar de Gabo “porque me parecía extraño, aunque sí era fascinante y universal. Cuando escribí mi novela Desierto (2005, Premio de Novela del diario La Nación de Buenos Aires) descubrí que Macondo estaba presente en mi novela porque yo también quería construir mi propia ciudad imaginada”.

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