Un ángel y un demonio se hacen amigos, mientras que se recolectan firmas para que Netflix cancele una serie de su rival Amazon Prime Video.
Todo a causa de la nueva serie Good Omens (2019), de Amazon Prime Video, sobre la amistad de un ser celestial y otro satánico, ha causado tal malestar que un grupo cristiano estadounidense lleva recolectadas más de 35 mil firmas, y contando, para que suspendan la producción, sin enterarse del despropósito: que Netflix le ponga fin a una serie de Amazon.
Good Omens, basada en la novela Good Omens: The Nice and Accurate Prophecies of Agnes Nutter, Witch (1990) de Terry Pratchett y Neil Gaiman, narra la amistad entre el ángel Aziraphale, interpretado por Michael Sheen (Underworld - 2003) y el demonio Crowley, encarnado por David Tennant (Doctor Who - 2005 - 2013), quienes luego de pasar unos 6 mil años en la Tierra, le toman cariño a los humanos y las cosas que hacen, asociándose para evitar que el apocalipsis se concrete.
Mientras lo intentan y tratan de entender cómo un ángel y un demonio pueden ser amigos, revuelven otros conceptos religiosos y filosóficos, como qué convierte a una persona en buena o mala; si Dios existe ¿qué tan dueñas de sus acciones son las personas?, y sobre si el misticismo no es más que una excusa para desviar la atención del único responsable de un posible fin del mundo: el ser humano.
Toda la trama de la serie se desarrolla mientras solo se escucha la voz en off de un dios femenino (Frances McDormand - Three Billboards Outside Ebbing, Missouri de 2017), como un narrador omnisciente, con la picardía de alguien que conoce el desenlace de la historia. Tal como la propia introducción de la serie detalla: “como alguien que juega una partida de póker, sin explicar las reglas a los demás y sonríe todo el tiempo”.

Aunque se pueden hacer más lecturas del trasfondo de la historia, la serie no necesariamente intenta dar clases de teología o imponer creencias o la falta de ellas, según quien la mire, sino, ahora más que nunca, hacer un llamado de consciencia. Con tonalidad cómica, manda el mensaje de que generaciones anteriores han volcado la cara sobre distintas creencias, religiosas o no, ignorando el verdadero enemigo, mientras que la nueva generación tiene la oportunidad de vencer a esos antiguos “demonios” y responder con soluciones más reales como la paz, el cuidado medioambiental o evitando el consumismo. Pone el futuro del mundo, literalmente, en manos de los niños.
Son planteamientos que no terminaron de digerir los opositores de Good Omens, que, como suele suceder en estos casos, lejos de perjudicar a la serie, ocasionan el efecto contrario al polemizar. Algunos de los puntos que sustentan para exigir su cancelación es que consideran que el bien y el mal no pueden coexistir en armonía (el bien representando en el ángel y el mal en el demonio), desaprueban que Dios sea una mujer y que el anticristo sea solo un niño.
Good Omens no intenta derrumbar los cimientos de alguna religión, empoderar el ateísmo o ser pretenciosa en cuanto a contenido o charlas filosóficas, solo plantea situaciones que si bien están fuera del alcance del conocimiento de toda persona (como si puede haber rastros de bondad en un demonio) invitan, aunque sea por un momento, a replantearse alguna que otra creencia personal.
