La última palabra

Sin milagro anticovid

Sobre la vacuna anticovid: no está a la vista el milagro que todos esperamos. Es preferible llenarse de paciencia, al estilo del bíblico Job, frente a una solución ante la catástrofe que padecemos. Si surgiera una vacuna, sería un acontecimiento importante, y “yo estaría de primero para ponérmela”, reflexiona el médico investigador y profesor Néstor Sosa, eminencia panameña en la medicina.

“Puede lograrse” la fórmula tan esperada: deja abierta la posibilidad. “No quiero ser absoluto en nada”, pondera Sosa, en foro del grupo de reflexión Trinka. Ante la FDA (Agencia Federal de Medicamentos) de Estados Unidos se han presentado, de modo formal, proyectos de vacuna.

Cansancio

Porcentaje alto de la humanidad está cansada –me incluyo- de vivir con temor del contagio y estar impedido de desarrollar con tranquilidad la vida, mucho menos en la calle. Una vacuna, como la de la influenza, viruela o poliomielitis, sería un anillo al dedo ante tanta desesperanza y temor.

Están en desarrollo más de 150 proyectos de vacuna en el mundo. En algún momento habrá una efectiva o varias para frenar el número de contagios. Aunque sea de forma parcial. “Durante algunos años la vida no va a ser la misma y simplemente hay que adaptarse”, revela Ravi Gupta, profesor de microbiología de la Universidad de Cambridge.

Un milagro es un suceso extraordinario, en principio atribuido a un ser sobrenatural. No se vislumbra, en el corto plazo, un milagro anticovid.

Obstáculos

Dificultades y obstáculos minan el camino hacia esa aspiración legítima de la humanidad y que se está desarrollando en muchos laboratorios. Uno de ellos –Sosa lo remarca- es que debe producirse una inmunidad esterilizante en el vacunado, de tal forma que si se infecta no reproduzca en su garganta el virus. No está resuelto. Hay vacunas que son esterilizantes. Otras no.

Ante la eventualidad de que se experimente la vacuna que necesitamos, disminuiría aquel rango de casos más severos (según mayor edad) y, por lo tanto, el contagio. Para conseguir eficacia, habría que vacunar, como mínimo, del 60% al 70% de la población. Es una operación costosa y de compleja organización logística, que debe alcanzar de 4,000 mil a 5,000 millones de personas. Ese tipo de vacuna requiere conservarse a temperatura mínima de 20 grados bajo cero. Y no existen cadenas de frío, por ejemplo, en Bolivia, Perú, Panamá, India.

Mentalizarse

En 5 o 10 años, puede haber luz verde, en una época más acelerada, cuando el periodo estimado de experimentación de una vacuna es de 10 a 15 años. Desde hace casi 40 años se busca, sin éxito, una contra el sida.

“Psicológicamente debemos prepararnos para que en 2021 y 22, sigamos protegiéndonos con las actuales medidas de salud pública”, afirma Néstor Sosa, exdirector del Instituto Gorgas y hoy radicado en Estados Unidos como profesor y jefe de la División de Enfermedades Infecciosas del Departamento de Medicina Interna en el Hospital de la Universidad Nuevo México.

En la complejidad de experimentación de una vacuna, están los efectos adversos en personas que, en forma voluntaria, las prueban. Los efectos secundarios pueden ser nocivos y hasta peores que la enfermedad que intentan atacar.

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