La taza humeante ha dejado de ser la primera opción de muchos adictos al café. La incursión del café en estado templado ha comenzado a hacer un guiño entre los más sofisticados testadores y su presentación en las cafeterías locales desde recipientes cristalinos es sinónimo de vanguardia.
Aunque la preparación de un café frío se antoja bastante sencilla añadiendo los ingredientes esenciales como un buen café, agua y hielo, el asunto no es tan instantáneo. “Las medidas son de principal cuidado y tener mucha paciencia”, apunta Manuel Alexander Barsallo, experto en el arte del grano caoba y consejero desde su blog Coffeetologist.com.
Se debe a ello que los más exigentes reservan el proceso a los baristas y profesionales, puesto que se requiere fijar el ojo en la balanza con los ingredientes para evitar arruinar la bebida con el indeseado diluido.
La parte más tediosa del proceso para dar un resultado acertado es quizá la de esperar unas 12 a 24 horas para que el sabor del grano se impregne en el agua helada. Es un largo pero vital periodo que se ignora al momento de solicitar la especialidad y disfrutarla en cuestión de minutos en una cafetería.
La opción en frío del café elimina el pretexto de suplantarlo por otras clases de bebidas en un país de clima cálido. Su bondad energética, sin embargo, se mantiene intacta, dice Wilford Lamastrus, experto y responsable del negocio Bajareque Coffee House en el Casco Antiguo.
A diferencia del café en agua hirviendo, proceso por el cual el grano suele liberar ácidos y otras propiedades, “al prepararlo con agua a temperatura ambiente se evita la extracción de esos ácidos creando un perfil químico distinto a los métodos tradicionales”, explica Barsallo.

