No culpe a la desaceleración de la economía china, al auge de los altavoces inteligentes o a un poco acertado impulso hacia televisores de alta gama. La lenta desaparición del fabricante de altavoces de lujo Bang & Olufsen A/S en realidad solo se debe a una cosa: la forma en que las personas escuchan música ha cambiado.
Cuando escucha sus ritmos favoritos en Spotify, la calidad de audio más alta que logra es de 320 kilobits por segundo. El servicio rival de Apple Inc. ofrece casi lo mismo. Eso es menos de un tercio de los 1.411 kbps de un CD, y mucho menos que la impecable calidad del audio de un disco de vinilo.
Por lo tanto, cuanto más se suscriba la gente a servicios de streaming —Spotify sumó 57 millones de usuarios solo durante el último año— menos probable será que gasten 3 mil dólares en un sistema de sonido de Bang & Olufsen. Sería como tratar de conducir un Ferrari por el centro de Londres en la hora punta: simplemente no aprovecha lo que pagó.
Es por eso que las cosas no parecen nada auspiciosas para la compañía danesa, que emitió su cuarta advertencia de ganancias en un año. Ahora estima que las ventas caerán hasta 18%, y espera una menor rentabilidad y un flujo de caja libre negativo, donde antes había anticipado un crecimiento de las ventas, una mayor rentabilidad y un flujo de caja libre positivo.
Por supuesto, todavía hay cierta demanda de altavoces de primer nivel por parte de los expertos amantes del audio, pero la búsqueda de crecimiento se ha vuelto más difícil a medida que la economía de China se desacelera. Y la competencia proviene cada vez más de auriculares exclusivos.
