La maldad no descansa. Tampoco debería hacerlo la memoria histórica para que no se olviden los actos malvados que han ocurrido desde el primer momento en que el ser humano descubrió el lado sombrío de su alma.
Terezin: hijos del Holocausto le pide al espectador que nunca olvide los sucesos que pasaron durante la Segunda Guerra Mundial en general, ni tampoco permita que se pierda de vista la enorme crueldad registrada durante el Holocausto judío en particular.
Esta pieza teatral, intensa, inocente, divertida y fuerte, se concentra en lo que ocurre durante dos días del año 1943, dentro de la pequeña celda número 22 del campo Theresienstadt, a las afueras de Praga, y que para la gran mayoría de los hombres, mujeres y niños que allí llegaron era la antesala a la muerte en Auschwitz.
En ese reducido espacio, con una sola ventana para ver los escasos espacios de libertad y esperanza, sobrevive un grupo de chicos.
Eran muchachos llenos de ilusiones y metas que no pudieron cumplir, porque un ejército de adultos sin corazón decidió arrebatarles la vida.
Más de uno de ellos dejó plasmados sus sueños rotos en pinturas, dibujos y misivas. Así se volvió a demostrar la condición del arte como vehículo de testimonio y como una presencia real de lo que pasó; de cómo los colores y las formas retrataron una circunstancia dolorosa y real.

Puesta en escena
Terezin: hijos del Holocausto se presenta hasta hoy miércoles 31 de octubre, a las 8:00 p.m., en el teatro La Plaza, gracias a una iniciativa de los Amigos de Yad Vashem Panamá y la Fundación Emet.
La dirección es responsabilidad de Joshua Manopla y la asistencia a la dirección de Michelle Alpízar, quienes logran darle ritmo y equilibrio a un montaje que tiene como uno de sus retos que se desarrolla en un solo lugar.
Esta obra fue escrita por Anna Smulowitz, quien estaba entre el público en la función del pasado 28 de octubre y tuvo ocasión de charlar con la audiencia sobre los propósitos de su pieza.
Anna Smulowitz es hija de dos sobrevivientes de los campos de concentración Buchenwald y Auschwitz, y muchos miembros de su familia murieron durante la Segunda Guerra Mundial.
El punto de arranque de Terezin: hijos del Holocausto fue una carta que encontró Anna Smulowitz. La misiva fue escrita en 1942 por Chaim Landau, de 12 años, quien estuvo en el campo de concentración y escribió una corta, aunque contundente carta: “Si encuentras esta carta, dile a alguien que queremos ir a casa. Por favor, recuérdanos”.
Actores
El elenco lo integran los talentosos María Sofía Sayavedra, Andrea Kuzniecky, Rafael Angel, Melanie Martínez, Juan Caballero, Chiara Andre Ceccarelli y Gloria Zebede, más la compañía del músico Heriberto Pinzón.
Aunque todos ofrecen un desempeño valioso, entre ellos destacan dos figuras por su magnetismo en escena: María Sofía Sayavedra y Melanie Martínez. Ambas actrices merecen un reconocimiento aparte y especial.
Martínez porque transmite tanta valentía y fragilidad al mismo tiempo, y porque toda ella es un grito callado de la injusticia. Mientras que Sayavedra brilla porque su papel, Corrina, no es fácil de construir en lo físico y en lo emocional, porque si bien sufre como el resto de sus compañeros de celda, tiene sus propios demonios, internos y externos, a los que debe enfrentarse a su manera.

