Tenía tan solo 7 u 8 años. Como muchos de sus vecinos, cuando divisó la lluvia de fuego que caía sobre la ciudad de Pompeya ya era demasiado tarde.
El volcán Vesubio había entrado en erupción precedido por una serie de terremotos.
Corrió lo más rápido que pudo hasta resguardarse en las termas centrales de la ciudad, todavía sin agua porque estaban a punto de ser inauguradas.
Se acurrucó bajo la pared del edificio, con la esperanza de sobrevivir a la furia imparable de rocas ardientes y cenizas.
Como la mayoría de los pompeyanos, el niño (o niña, no se ha podido determinar su sexo todavía) murió asfixiado tras respirar la nube de flujo piroclástico, una mezcla de gases y de materiales volcánicos. Su pequeño cuerpo quedó completamente petrificado y pasó así a formar parte de una de las joyas arqueológicas más impresionantes del mundo.
Sorpresas
Esta área el año pasado recibió a 3.4 millones de visitantes.
Pompeya sigue dando sorpresas a los arqueólogos.
El último es precisamente el esqueleto de la joven víctima, que fue trasladado la semana pasada a un laboratorio para analizar su ADN.
Gracias a los últimos avances tecnológicos de este tipo de estudios, en poco tiempo podrá determinarse su edad precisa, el sexo y si sufría alguna enfermedad.

Lo extraordinario
El director general del Parque Arqueológico de Pompeya, Massimo Osanna, no duda en apuntar a que se trata de un “descubrimiento extraordinario”.
Hacía más de dos décadas que los investigadores no se topaban con huesos humanos en este yacimiento cercano a Pompeya. Y menos de un niño, para lo que hay que remontarse a los años 60 del pasado siglo.
Lo primero que apareció ante los ojos de los arqueólogos fue su cráneo.
Estaba enterrado bajo 10 centímetros de sedimentos en una zona que ya había sido explorada entre 1877 y 1878.
“Debemos intentar entender lo que sucedió exactamente. Probablemente la víctima fue hallada, porque hemos encontrado las piernas colocadas al lado de la cadera, pero luego no siguieron excavando”, sostiene Osanna.
Los expertos no atinan a dar una explicación convincente.
Técnicas
Las técnicas del siglo XVIII eran mucho más rudimentarias que las de ahora y es posible que, ante la imposibilidad de extraerlo sin dañarlo, optaran por enterrarlo de nuevo.
Aunque la interpretación más popular es que estuvieran paralizados por el miedo.
La leyenda dice que trae mala suerte remover los huesos de un cadáver.
Una superstición todavía presente entre los habitantes de la zona de Nápoles.

