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Un dios barrado

Un dios barrado
Novak Djokovic. AFP

Nole es un dios contemporáneo. De madre croata y padre serbio, geminiano, nacido en 1987 en la Yugoslavia ya sin Josip Broz Tito y en una federación que está por desmembrarse.

Es tan competente y carismático que le apodan Djoker (acrónimo de su apellido con el del comodín), Invictus, Hombre elástico, Terremoto de los Balcanes. El entorno familiar es de tenis y otros deportes. Djoker es políglota, vive en Marbella (España) y aprende, además, lengua española y chino mandarín. De gran humor, imita la voz de sus colegas de deporte, es vegetariano, modelo para la niñez serbia, filántropo y ha recibido las más altas condecoraciones políticas y religiosas. Es seguidor de la Iglesia Ortodoxa Serbia.

Nadie se le semeja en el manejo de la raqueta. Solo en premios de torneos mundiales acumula más de 150 millones de dólares y es inversionista en emprendimientos grandes. Como representante de Serbia, en la categoría equipos, obtuvo medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Beijing.

Es récord en el liderazgo de su deporte: por 100 semanas consecutivas ha estado en el primer lugar, 7 años ha sido el primero y en un año ha conquistado los mejores certámenes: Abierto de Australia, Roland Garrós, Wimbledon y Abierto de Estados Unidos.

Esa gloria, Novak Djokovic, fue puesta en Australia de patitas en la calle, donde estuvo recluida la mayor parte de 10 días, por ingresar a esa isla gigante sin haberse inoculado contra el virus que produce la covid. (¿Novak equivale a no vacuna? ¿Honor a su nombre?).

En pandemia, hasta un héroe de esa talla puede pasar por semejante agravio. Lo acompañan sus familiares, equipo, seguidores y el Ejecutivo serbio, que ha tenido palabras de grueso calibre contra la autoridad de Australia.

En tenis, el Abierto de Australia es el primero de la temporada, y, sin Nole, están en situación de liderazgo para ese torneo, Rafael Nadal (español de Islas Baleares).

En medio de cifras récord de contagios, impulsadas por la variante Ómicron, aterriza el 5 de enero Nole en el aeropuerto de Melbourne para participar en el torneo. Con el aval de la organización, Tennis Australia, que había sido advertida sobre las reglas anticovid. Cuando llega, ni se ha vacunado ni puede demostrar que debe exonerársele de esa regla por alguna prescripción médica. A la espera de una solución de la justicia, es internado contra su voluntad, hoy denuncia la madre del héroe, en un hotel apestado de pulgas y gusanos. Y como si se tratara de un prisionero.

Por la ruptura del debido proceso, al no haberse cumplido, por unas horas, el plazo pactado para mantenerlo encerrado, un juez determinó su libertad, que fue recurrida por el Ejecutivo federal australiano.

Un panel de tres jueces de un tribunal superior, en domingo, determina que Nole debe partir de Melbourne y que el fallo se centra en que la presencia de ese dios no vacunado puede convertirse en un riesgo, por la emulación, para la salud australiana.

Esa presencia alentaría protestas contra la vacunación y, por consiguiente, la propagación del virus. Sobre todo en población “impresionable” ante una estrella icónica.

Los ejecutivos de Francia y España, sedes de próximos campeonatos mundiales de tenis Roland Garrós y Abierto de Madrid, han prevenido que aplicarán la fórmula australiana.

“Si no quiere vacuna en su cuerpo, es su derecho; sin embargo, no puede venir acá sin vacunarse porque va contra las reglas establecidas para proteger a la población”, expresa Roberto Pérez-Franco, ingeniero y escritor panameño, vecino de Melbourne. “Su derecho termina donde comienza el derecho nuestro, con base a la ciencia, a proteger la comunidad australiana”, apostilla.

El autor es periodista y filólogo.


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