Qué tristeza la partida la noche del pasado 18 de mayo de un notable artista de la pintura, como el maestro panameño Mayo Hassán.
La historia de las últimas décadas de la pintura nacional no se comprende sin la contribución de creadores indispensables como don Mayo.
Hassán fue ante todo un caballero de la plástica, y una persona que siempre colaboró con todo aquel que deseaba aprender sobre colores y formas.
Nació en la Ciudad de Panamá y aprendió dibujo y pintura en la Escuela de Artes Plásticas. Sus maestros fueron Juan Manuel Cedeño y Amalia y Juan B. Jeanine. Fue por varios años presidente de la Asociación de Artistas Plásticos de Panamá.
Desde 1980, Mayo presentó su talento no solo en espacios culturales de Panamá sino también en España, Colombia, Israel, Japón, Cuba, Guatemala, República Dominicana, Costa Rica, México, Portugal y Venezuela.
Su obra obtuvo distinciones en certámenes organizados por el Museo Municipal Bello Piñeiro del Ayuntamiento de Ferrol en Galicia (España) y en el Encuentro de Dos Mundos en San José (Costa Rica), entre otros.
Se comunicó con el mundo desde la plumilla, el pastel y el óleo. Fue un gran admirador del tema costumbrista, en particular del traje típico azuerense y sus musas pictóricas fueron las damas que engalanan con su gracia y elegancia al montuno y a la pollera.
Fue una alegría inmensa que desde la Dirección Nacional de las Artes del Ministerio de Cultura pudimos brindarle un homenaje en vida a Mayo Hassán como debe ser.
Esa muestra individual ocurrió del 4 al 17 de febrero de 2020 en la Galería de Arte Juan Manuel Cedeño.
En estos tiempos de virus virales y de hambrunas, de populismos autoritarios y de desigualdades sociales, el arte representado en figuras como Mayo Hassán sigue siendo una oportunidad para que no perdamos la esperanza y no perdamos la fe en el ser humano.
(El autor es director nacional de las Artes).
