La Reina Isabel II de Inglaterra cumplió recientemente su jubileo de platino. Son 70 años en los que estuvo al frente de una de las monarquías más populares e importantes del mundo, y con una trayectoria que se ha caracterizado por los altibajos por los que atravesó ostentando el trono.
La reina otorga su 'bendición' a Camilla de Cornwall
La esposa del príncipe Carlos recibió recientemente el aval de la reina en ser designada reina consorte una vez su hijo asuma el trono, en un anuncio en el que se muestra la apertura de la sociedad a alguien que rehace su vida, aunque su relación con Camilla comenzó de manera turbulenta. Por otro lado, un comentario en una publicación del perfil Instagram Sky News de la noticia rezaba: “Ella puede ser reina consorte pero Diana siempre será la reina en nuestros corazones”.
Bien se podría decir que el hecho de que la Reina Isabel II esté ocupando hoy en día la posición —ya que originalmente no estaba previsto que ejerciera las funciones de ser monarca— fue algo fortuito. Sin embargo, eso cambió cuando el rey Eduardo VIII anunció en 1936 su voluntad de casarse con la socialité estadounidense Wallis Simpson, quien atravesó dos divorcios. Su deseo causó una crisis constitucional que terminó finalmente con la abdicación de éste al frente del trono, y que su hermano, Jorge VI —padre de la Reina Isabel II— terminara asumiendo la Corona.
Elizabeth Alexandra Mary, tal como es su nombre de nacimiento, asumió su destino en 1953, a los 25 años, de manera intempestiva, aunque ello ya estuviese previsto en la línea de sucesión en caso de que su padre falleciera.
Ese estado de ánimo, caracterizado por una sensación de vértigo pero también de responsabilidad, es descrito a la perfección en la primera temporada de la serie de Netflix, The Crown.
Ella es la única reina en alcanzar un jubileo de platino en un reinado en el que ha visto desfilar a 14 primeros ministros en Downing Street y en los que ha acompañado a los británicos en los momentos alegres y complejos, tales como el acogimiento de Londres a los Juegos Olímpicos de Verano de 2012 o la catástrofe de Aberfan, en 1966, ocurrida cuando una mina de carbón colapsó en ese pueblo galés matando a 144 personas —en el que resaltó por su calidez y empatía con las familias de las víctimas—, o la trágica muerte de la Princesa Diana de Gales en 1997 —la conocida como Princesa del Pueblo—, en la que se recuerda cómo describió cariñosamente a la madre de sus nietos, los príncipes Guillermo y Enrique, en un mensaje televisado días después de la noticia que conmocionó al mundo.

De manera asimétrica, los británicos palparon los terremotos que vivió la familia real británica que, como no puede ser de otra manera, remecieron los cimientos de la estabilidad de la Reina Isabel II.
El año 1992, fue conocido como un annus horribilis según la misma monarca describió en aquella época, por una seguidilla de eventos que van desde el incendio de una parte de las estructuras del Castillo de Windsor, al resquebrajamiento progresivo de los matrimonios de tres de sus cuatro hijos: el príncipe Carlos con Diana de Gales, el príncipe Andrés con la duquesa de York Sarah Ferguson, y la princesa Ana con el jinete Mark Phillips.

El año 2021 fue también un annus horribilis para ella ya que en este mismo período sucedieron eventos como el agravamiento de la distancia entre el príncipe Harry y Meghan Markle del resto de la familia real, el caso judicial en Estados Unidos contra el príncipe Andrés por presunto abuso sexual alegado por Virginia Roberts Giuffre cuando ella era menor de edad, y la muerte de su esposo y su compañero de vida, el príncipe Felipe.
A pesar de estas turbulencias, la monarca mantuvo un reinado caracterizado por el servicio a los demás, con una sonrisa y con la convicción de que el deber va por encima de todo.

