Estamos viendo una desaceleración global masiva de las operaciones humanas, sin precedentes en la historia reciente. Si bien esto tiene un impacto intenso en las economías de todo el mundo y un enorme sufrimiento humano, al mismo tiempo vemos que la Tierra respira honda y lentamente. Los cielos son más claros y menos contaminados que en décadas. Los animales vuelven a entrar en hábitats que han abandonado hace mucho tiempo debido a la intensa presencia humana.
Al mismo tiempo que estamos viendo terribles sufrimientos de la gente, vemos un respiro del implacable impacto que las personas tienen en sus entornos. Mi esperanza es que al salir de esta pandemia podamos aprender a vivir de una manera diferente. Que podamos dejar de bombear tantos gases nocivos de efecto invernadero a nuestras atmósferas. Que podamos reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles. Y que podamos tratar nuestra vida silvestre y sus hábitats con el asombro y el respeto que se merecen.
Si bien los orígenes de esta pandemia aún no están claros, hemos visto repetidamente que los virus saltan de huéspedes animales a humanos junto con el tráfico, la venta y el consumo de vida silvestre. Los mercados de vida silvestre no solo son increíblemente peligrosos para la salud humana, sino que también devastan nuestro mundo natural.
Si podemos aprender una lección de la terrible experiencia que estamos experimentando ahora, tal vez podría ser que nuestro yo futuro viva en armonía y en respeto por la naturaleza. Todos seremos más felices y saludables por eso.