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Un retrato vivo de la invasión del 20 de diciembre de 1989

El artista Aristides Ureña plasma lo que se vivió en aquel día, con la esperanza puesta en un futuro mejor para el país.

Un retrato vivo de la invasión del 20 de diciembre de 1989
Esta es la segunda de tres obras en el marco de un proyecto conjunto entre Ureña y la Arquidiocésis para abordar con obras artísticas temas coyunturales para el país. Agustín Herrera

Si las obras de arte hablaran, podrían contar la historia, ya sea si es un relato de ficción o si es algo basado en un hecho real y concreto que marcó a una generación.

Un ejemplo de ello es el Guernica de Pablo Picasso, que describe a la perfección el impacto que generó en la sociedad vasca el bombardeo de Guernica, que transcurrió durante la Guerra Civil española.

Y ayer, en la ciudad de Panamá, se develó una obra del artista Aristides Ureña que pretende acercarse a lo sucedido el 20 de diciembre de 1989 y transmitir las sensaciones que produjeron esos hechos, que no son ficción y que hoy en día siguen generando pasiones y posiciones encontradas entre los panameños.

El mural, que se encuentra en la Parroquia Nuestra Señora de Fátima de El Chorrillo, fue realizado en honor a los caídos de la invasión estadounidense a Panamá.

Aristides Ureña. Perfil

Este artista multidisciplinar nace en 1955 en Santiago de Veraguas. En 1978, se graduó de la Academia de Bellas Artes de Florencia, Italia. Y, en el mismo país, se especializó en litografía y grabado en el centro gráfico ‘Reparata Graphi Art Center’, y en cinematografía en el Instituto Lorenzo di Medici.

Ureña realizó este trabajo artístico documentándose a través de testimonios que le dieron residentes de El Chorrillo que lo perdieron todo y que estaban indefensos ante las bombas, así como de información proveniente del Archivo de la Arquidiócesis de Panamá, que contiene vasto material sobre esa época de la historia contemporánea panameña.

La preparación de este mural no requirió de un boceto ni de un proceso previo, y se apostó por una metodología que consistió en la revisión de datos para, de esta manera, llegar a una conclusión sobre qué era lo que se iba a ver en la obra.

“Cada uno de nosotros tiene una historia que contar sobre esa fecha. Yo, en particular, viví la invasión desde el exterior, ya que me encontraba en Italia”, dijo Ureña.

El mural será expuesto en la misma iglesia que acogió a los habitantes de El Chorrillo que, en medio del incendio que devoraba la mayor parte de las viviendas del barrio, pensaron en este sitio como un lugar seguro.

“Cuando revisé las fotografías y documentos del archivo de la Arquidiócesis de Panamá me llevé una gran sorpresa, ya que me di cuenta que hay narraciones que [permanecen en el tiempo] de las personas que fueron golpeadas por este suceso, que son los habitantes de El Chorrillo”, expresó Ureña.

Sobre el proyecto, el artista reconoce que la Arquidiócesis le dio libertad plena, que no le impuso censuras de ningún tipo para poder desarrollar su obra sobre la invasión.

Por otra parte, Ureña reflexionó que “de algo tiene que servir la historia” y es para “no vivir más resentimientos”. “Las personas a las que yo estaba entrevistando fueron violentadas en su intimidad. El chorillero que estaba ahí con sus pertenencias, tales como sus fotografías, su ropa y todos los objetos que rodean a una persona. Eso hace parte de su memoria personal, de su memoria histórica. Aquí fue violentada completamente”, remarcó.

Afirmó que ninguna posición nacionalista, ni política, ni moral, ni religiosa justifica violentar a una persona. “Esa es la enseñanza que nosotros debemos sacar de esto”, reflexionó.

Ureña igualmente reivindicó la construcción de una democracia mucho más amplia e inclusiva que integre todo tipo de diversidades, mirando hacia el país que todos queremos en el futuro.

“El sistema democrático es mucho más frágil porque necesita gente moral, espiritual y éticamente perfecta para que funcione, y que esa persona sepa aceptar al otro así como las opiniones que sean distintas a la suya. El pensamiento del contrario es una riqueza”, dijo.

El artista manifestó que “bien pude haber hecho una pintura panfletaria, llena de odio”. Sin embargo, indicó, ese no era su propósito, ya que busca usar el arte para sanar heridas y llevar un mensaje de esperanza a la juventud panameña en el que se transmita que ningún panameño debe prestarse para “humillar al otro”.

La realización de esta obra busca impulsar iniciativas que recuperen la memoria nacional, para lograr el renacer de la sociedad panameña, concluyó el artista.


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