Se vale soñar. Como lo hacía Madelaine Quiroz cada vez que se sumergía en el estudio de la historia del violín y de los maestros artesanos que, con paciencia, tallaban cada pieza del instrumento en los talleres de Cremona, comuna italiana de postales. La ciudad del violín.
Por entonces decía que algún día se convertiría en una luthier, a la usanza de los métodos cremoneses, comparte la violinista panameña de 25 años, que ahora forma parte del Instituto Antonio Stradivari, la casa de estudios que lleva el nombre del más prominente luthier italiano, padre de las cotizadas reliquias Stradivarius.
Fue difícil ganarse un lugar en las aulas de los exigentes luthiers italianos, igual que aprender un idioma sobre la marcha o dejar todo atrás para perseguir un propósito. Pero el trago amargo llegó con la pandemia por el SARS-CoV-2 que, en su punto crítico, contaba por miles sus víctimas diarias en la península. Quiroz lo comparte en su testimonio.

¿Cuándo nace su interés por la música?
Todo empezó cuando estaba en la escuela secundaria. Estudiaba en el Instituto Rubiano y el primer día de clases se presentó la estudiantina de la escuela, una pequeña orquesta, en el canto del himno. Mi mamá, que estaba conmigo, me dice: “mira qué lindas niñas, están tocando violín”. Yo respondí: “no mamá, eso no es para mí”. Entonces un día, durante el recreo, encontré a una de esas muchachas estudiando en un pasillo, saludé y pregunté: “¿Cómo es que se toca el violín? ¿Me explicas?”. Lo hizo y allí empezó todo. Se volvió una obsesión tocar, en el buen sentido. La música clásica no es un asunto de familia, así que fue algo inesperado para ellos y para mí, porque no pensé jamás que se volvería mi profesión.
¿Qué experiencia tuvo con la música antes de Italia?
En 2009 empecé a estudiar violín en la Escuela Juvenil de Música. Allí crecí gracias a las oportunidades que me brindó la profesora Elena de Kitras trabajando en la orquesta infantil de la escuela y como maestra de iniciación musical en violín para niños. Los campamentos de la Asociación Nacional de Conciertos fueron también una gran oportunidad para conocer músicos, maestros y directores de otros países y en los que también tuve la oportunidad de trabajar como maestra para los niños.
Trabajé como maestra de estimulación musical en la Red de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Panamá, tocando en matrimonios y dando clases particulares de violín. Luego del colegio, me gradué de instrumentación quirúrgica en la Universidad de Las Américas y después estudié música en la Universidad de Panamá.
¿Cómo llega la oportunidad en Cremona?
Cuando iniciaba mi vida como artista, un día leía sobre la historia del violín e inevitablemente salió a relucir Antonio Stradivari, uno de los luthiers italianos más importantes y reconocidos de la historia, sus violines son valiosas obras de arte y fue quien perfeccionó el método cremonense para la construcción de violines. Fue entonces cuando dije que algún día me convertiría en una luthier y que trabajaría duro para estudiar en la ciudad del violín. Años después, en 2017, supe del Instituto Antonio Stradivari y decidí inscribirme en la escuela de lutería. Tomé clases de italiano y me preparé para realizar los exámenes de admisión. Luego de mucho empeño, fui la única americana seleccionada de entre estudiantes de distintas partes como Alemania, Francia, Irán, Corea del Sur, China, Japón e Italia. Pero no pude iniciar las clases ese año pues había usado todos mis ahorros para viajar a realizar los exámenes. Fue muy frustrante, expliqué mi situación a la escuela y me dieron la oportunidad de reservar mi cupo para las clases del año siguiente. Trabajando muy duro (lecciones privadas, tocando en bodas, haciendo reemplazos en la Orquesta Sinfónica Nacional o en el conservatorio) y con ayuda de mi familia, en 2018 pude mudarme a Italia para empezar mis estudios.

¿Será la primera luthier panameña?
La profesión de la lutería es prácticamente un mundo desconocido en Panamá, pues solo hay unas pocas personas que han tomado cursos de poco tiempo y otras que lo hacen empíricamente; ninguno con estudios a nivel superior, porque no hay escuelas o instituciones para formarse. Para poder aprender es necesario buscar oportunidades en el extranjero.
La lutería consiste en fabricar, reparar o restaurar instrumentos musicales de cuerda, particularmente violines o guitarras. Esta es una actividad artesanal que abarca múltiples disciplinas relacionadas con la música: su historia, métodos de construcción, mejora y desarrollo de nuevos instrumentos, innovaciones de mecanismos y accesorios que optimicen su rendimiento y resultado sonoro, estudio de materiales para su construcción...
¿Cómo manejó el obstáculo del idioma?
Las clases de italiano que tomé antes de partir de Panamá fueron en un nivel básico, aprendí muy poco. Estudiaba por mi cuenta porque una de las pruebas de admisión era un examen escrito y una entrevista, entonces debía poder expresarme con cierta claridad. La mayoría de las cosas las aprendí estando aquí. El italiano tiene muchas similitudes con el español. Además, no conocía a nadie que hablara español, entonces me tocaba hablar italiano sí o sí. No tenía otra opción, pero eso me ayudó a mejorar.
¿Cómo ha vivido la crisis por el nuevo coronavirus?
He debido pasar más de 100 días sola y sin la posibilidad de salir de casa libremente; ha sido muy duro. Ver las noticias sobre tantas muertes en el país, sobre todo en la región donde vivo, fue una experiencia surreal. Calles vacías, largas filas en los supermercados, con controles de temperatura para poder entrar. Solo se escuchaban las ambulancias o los autos de la policía que pasaban comunicando por un altavoz que debíamos permanecer en casa y salir solo si era extremadamente necesario, para comprar víveres o medicamentos.
El primer foco de contagio fue en una ciudad cercana a Cremona. Inmediatamente se declaró zona roja y las clases se suspendieron en toda la región. Los hospitales no tenían capacidad para atender a más personas, era algo increíble pensar que los médicos debían escoger a quién brindar la oportunidad de tratamiento.
Cuando supe de los primeros contagios en Panamá y que las personas no seguían la cuarentena como se les recomendaba, temía mucho que se repitiera lo que había sucedido aquí. En Panamá estamos acostumbrados a que cuando algo malo pasa en el mundo, lo vemos solo en las noticias.
Para mí, como estudiante, esta situación ha sido una gran pérdida porque, aunque las lecciones de las materias teóricas las hemos tomado a distancia, no hemos podido seguir con la parte práctica, que es muy importante. Y no es solo tiempo perdido, sino dinero y sacrificio de mi familia que me ayuda a mantenerme mientras estoy estudiando. Lastimosamente no volveremos a clases hasta septiembre.
¿Ya fabricó algún instrumento?
Este año estaba haciendo mi primer violín. Ya tengo las partes estructurales: la caracola y el cuello o mástil, las costillas y tablas superior e inferior que dan la forma del cuerpo del violín y forman la caja armónica del instrumento. También hay partes movibles como clavijas, cordales o diapasón, que son por lo general de ébano. Hacer un violín en clase nos toma unos ocho meses, depende de cada uno.
