Fue el propio líder israelí, Benjamín Netanyahu, quien negoció con la empresa farmacéutica Pfizer la dotación de dosis suficientes anticovid para llevar a cabo la vacunación más espectacular, exprés y masiva en la bolita del mundo amén. Sobran dosis y un porcentaje de la población ha sido vacunado. En la vecina Palestina, sucede lo contrario. Mundo rico con vacunas; mundo pobre, con escasez.
Oportuna la gestión del primer ministro, quien deberá someterse el otro mes (23 de marzo) a las cuartas elecciones legislativas en menos de dos años. Ha enfocado su campaña en la audacia de su estrategia anticovid. Esperemos atentos para ver qué sucederá.
La pandemia selló la suerte de Trump en Estados Unidos, en su intento por reelegirse en las elecciones del 3 de noviembre. ¿Qué está haciendo Trump? Si alguien lo ve, no me lo salude.
El líder Israelí ha desvelado que el contrato con Pfizer incluye la cesión de datos sanitarios de los vacunados a cambio de dar preferencia a Israel en el suministro, completo, sin retrasos y a un costo superior al valor original de los lotes de dosis. Y alardea de la hazaña: “Israel va a convertirse en un modelo para el mundo, una experiencia piloto, y va a ser el primer país en emerger del coronavirus”.
Las elecciones se aproximan, mientras prosigue el éxito de vacunación, mientras se retrasa un juicio por corrupción entablado contra Netanyahu.
La vacuna, por ahora, ha reducido tanto las infecciones como los casos que requieren hospitalización. Según datos del Ministerio de Salud israelí, 1.7 millones de personas, 19% de la población de 9 millones, ya recibió las dos dosis de la vacuna.
Sólo 0.4% de las personas fue infectado una semana después de haber sido vacunado y sólo 0.002% de los vacunados fue hospitalizado.
Se trata de una logística impresionante, en un territorio habitado equivalente a las provincias de Chiriquí, Bocas y Veraguas (fuera de más de la mitad desértica y despoblada).
Se inocula a 150 mil personas por día y se calcula que la mayor parte de la población estará vacunada a finales de marzo. El sistema de salud, solo público ayuda, ya que cubre todo el país, dividido en cuatro instituciones de salud, tipo Seguro Social, y que poseen toda la información de los beneficiarios, información digitalizada. Según edad, cada afiliado sabe el cupo de inoculación, en qué fecha y lugar. Se han habilitado espacios adicionales, gimnasios, parques y edificios oficiales y públicos. La autoridad es proactiva, te comunica. La gran mayoría está apurada –grupos religiosos ortodoxos ni quiere saber de las dosis-. Y Netanyahu candidato también. En muchos sitios hay atención las 24 horas. Si se atienden los cupos asignados, se completa con quien esté en la fila. Jóvenes se trasladan a esos puestos “sobrantes”. Todo ayuda al frenesí.
Con esta junta de embarre, ha caído la cantidad de contagios (qué llegó a situarse en 5 mil por día). En algún momento hasta el 30%, no obstante son resultados preliminares. El confinamiento ha debido seguir por las nuevas variantes del virus (de Brasil, Suráfrica, Inglaterra) y hasta la aviación internacional se ha cerrado.
Tierra Santa demuestra también el apartheid entre quienes tienen acceso a la vacuna y quienes no. Lo muestra la situación de Israel y, si se cruza, la endeble frontera, Palestina.
El autor es periodista, filólogo y docente.
