La celebración de los 500 años de fundación de la ciudad de Panamá nos ofrece una oportunidad increíble de revisar los pilares que sostienen nuestra rica historia.
Y entre las muchas cosas que podemos destacar dentro de esta revisión histórica, vale la pena hablar del gran patrimonio natural que tiene Panamá.
El istmo panameño ha sido desde sus inicios un paraíso de la biodiversidad, gracias a la abundante flora y fauna que existe en esta pequeña franja de tierra bañada por dos mares. Y muy pocos países poseen esta fortuna.
Es por eso que en el contexto que nos ofrece este gran aniversario, es vital remarcar la importancia de proteger y preservar nuestro oro verde para el disfrute de las nuevas generaciones.
La mejor forma de celebrar la importancia de nuestro patrimonio natural es disfrutándolo. Y en la capital panameña contamos con joyas como el Parque Natural Metropolitano, la única área protegida de Centroamérica que se encuentra dentro de los límites de una ciudad.
Es uno de los últimos refugios del casi desaparecido bosque seco tropical del Pacífico centroamericano (se caracteriza porque sus árboles pierden las hojas durante la temporada seca).
Desde sus senderos y miradores se puede observar los diferentes estratos de este hermoso bosque, escuchar el canto de las distintas aves que habitan el parque y disfrutar de una vista panorámica de la ciudad.
El cerro Ancón es otro importante ícono de la naturaleza en la ciudad de Panamá, que además es un símbolo de la lucha nacionalista de los panameños por la recuperación de la antigua Zona del Canal. Ascender por el acceso peatonal hasta la cima, a 199 metros de altura, ofrece una grata experiencia por el bosque y la fauna silvestre que lo habita y que lo convierten en un oasis en medio del tráfico vehicular.
En el bosque secundario regenerado del cerro pueden encontrarse más de 260 especies de flora y 70 de fauna.
Y ya arriba, se puede aprovechar para disfrutar de una de las mejores vistas de Panamá, que brinda un pantallazo de los distintos aspectos que componen el paisaje urbano: el contraste entre el casco antiguo y la ciudad moderna, el puerto en la desembocadura del Canal de Panamá y los populosos barrios del centro.
Estos pulmones verdes son valiosos para los ciudadanos panameños, ya que mantienen el equilibrio entre medio natural y hábitat urbano.
Y esto es beneficioso porque nos ayudan a prevenir la contaminación y propician un ambiente sano y un clima más agradable dentro de la capital, ayudando a mejorar nuestra calidad de vida.
Y es por eso que vale la pena mencionar también al Parque Recreativo y Cultural Omar, pues sus más de 50 hectáreas de extensión constituyen un gran espacio de esparcimiento para la región urbana, además de ser el hogar de diversos animales y plantas.
Afortunadamente, la riqueza del vasto patrimonio natural panameño no se circunscribe a la ciudad.
Recordemos que Panamá es uno de los países con mayor cantidad de especies de aves en América y, por ende, uno de los sitios más privilegiados del mundo para el avistamiento de aves.
Y tampoco olvidemos que el Parque Nacional Coiba, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2005, es uno de los santuarios de vida marina más extensos y relevantes del planeta.
Por esto y muchas cosas más, los panameños debemos sentirnos muy orgullosos del patrimonio natural y la abundante biodiversidad que tiene nuestro país.
Y frente a los peligros que se ciernen sobre el medio ambiente en Panamá y el mundo, también debemos comprometernos a proteger esta riqueza natural que nos distingue a nivel mundial.
