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LITERATURA

Vargas Llosa, lector de García Márquez

La lectura crítica de García Márquez que hace Vargas Llosa, parte de lo inmediato y obvio, pero que se ha revelado fundamental en la obra del colombiano: la realidad real.

Vargas Llosa, lector de García Márquez
Carátula del libro. Cortesía

Se cierra el círculo crítico del famoso “Boom latinoamericano”. Por fin, y aprovechando los cincuenta años de su primera publicación (1971), los lectores de Gabriel García Márquez, pueden leer uno de los mejores ensayos que se han escrito nunca en torno a la obra del Nobel colombiano: Gabriel García Márquez: Historia de un deicidio (Alfaguara, 2021) de Mario Vargas Llosa y, cómo no, es un excelente punto y seguido en la bibliografía del Nobel peruano, que pone al alcance de sus lectores una de sus obras más buscadas.

No ha de olvidarse, y es una verdad de Perogrullo, que las raíces del oficio de escribir se hunden en el oficio de leer, que no es otra cosa que una escritura por exposición. Y me refiero a que el escritor, cuanto más se expone a la lectura, es capaz de enfrentar mejor su propia escritura. La lectura y mirada críticas sobre la obra de otros, es uno de los mejores talleres a los que puede someterse cualquier escritor, por eso el oficio de leer ha de ser practicado con constancia eficaz.

Mario Vargas Llosa ha demostrado a lo largo de su carrera su capacidad crítica, pero es de sobra sabido, y seguro tiene que ver con el profundo afecto y admiración que se le tiene a Gabriel García Márquez, que la gran mayoría de expertos coinciden en que esta Historia de un deicidio sea su mejor ensayo, muy emparejado con La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary, aparecido cuatro años después (1975) del que nos ocupa.

La lectura crítica de García Márquez que hace Vargas Llosa, parte de lo inmediato y obvio, pero que se ha revelado fundamental en la obra del colombiano: la realidad real.

Hoy sabemos que lo cotidiano, lo inmediato y objetivo de la vida de García Márquez, fue la materia de la que surge el universo narrativo que lo llevó hasta la cumbre eterna que es Cien años de soledad, pero para llegar hasta allí, el escritor peruano desmenuza los primeros cuentos del colombiano, en busca de los primeros mimbres, las primeras voces que presagian lo que habría de ser escrito.

De todas las claves y caminos para transitar por la obra de García Márquez, destaca para mí una que quizás resuma y aglutine todas: la voluntad de experimentación formal.

Vargas Llosa lo revela a lo largo de las casi setecientas páginas de esta Historia de un deicidio: García Márquez busca reproducir el asombro aquel que experimentó al leer La metamorfosis y su visión literaria cambió, precisamente por la vía de una búsqueda experimental con su propia realidad, persiguiendo una forma de narrar lo cotidiano de su vida, nada distinta a la de los otros, pero contada con un sentido estético y formal que lo ha convertido en esencial para la literatura.

El por qué no quería Vargas Llosa que se reeditara esta obra, está en los mentideros literarios. Una excepción que se permitió el Nobel peruano fue cuando Galaxia Gutenberg, en el año 2006, publica el tomo VI de sus obras completas al cuidado del propio autor, y en ella incluye Historia de un deicidio, acompañado de otros ensayos literarios suyos. Nada hacía presagiar que asistiríamos a este gran acontecimiento editorial.

Otra virtud de este ensayo, sin restar (porque es imposible) al brillo propio de la obra de García Márquez, es la capacidad que tuvo de iluminar la obra del colombiano como nadie había hecho hasta ese momento, haciéndola si cabe, más atractiva al mirarla críticamente, al fijarla como un dios ordenador del caos o la desmesura. Vargas Llosa hace uno de los más importantes aportes a la literatura de García Márquez leyéndola con este nivel de detenimiento y comprensión.

Una lectura obligada para los amantes de Gabriel García Márquez o de Mario Vargas Llosa, una lección magistral del oficio de lector, y, sobre todo, una oportunidad de reconocer nuevos hallazgos en una de las más sólidas y queridas obras literarias de los últimos tiempos, que demuestra que, desde el más pequeño de los mundos, se puede levantar, con oficio, un universo en el cual ser dios.

Quizás sea ese el reverso de la creación: matar a dios leyendo o escribiendo para ser otros.


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