Venecia, conocida en todo el mundo por la Plaza de San Marcos o el Puente de los Suspiros, tiene una laguna, una riqueza que a menudo se pasa por alto y cuyo ecosistema quiere recuperar.
Amenazada por el aumento de la salinidad, la laguna es el eje de un proyecto destinado a incrementar los cañaverales para atraer aves y peces.
“La idea es recuperar el entorno perdido debido a las intervenciones humanas que terminaron por desviar los ríos por fuera de la laguna”, explicó Rossella Boscolo Brusà, investigadora del Instituto Superior de Protección e Investigación Ambiental (Ispra) y responsable del proyecto.
Esas operaciones, que tenían como objetivo la limpieza de ciertas zonas pantanosas y la lucha contra la malaria, “el agua se volvió cada vez más salada y se redujeron los cañaverales, un hábitat muy apreciado por las especies protegidas y de interés comercial”, subraya la investigadora, mientras señala desde una embarcación la vegetación de cerca 2 a 3 metros de altura.
Se trata de un lugar tranquilo, perturbado de vez en cuando por barcos de turistas. Con un poco de suerte, se puede observar el penacho de una avefría, algunos andarríos chico y garcetas pequeñas.
Hoy en día “solo quedan 34 hectáreas de cañaverales. En el pasado casi la mitad de la laguna estaba cubierta por carrizales”, cuenta la investigadora al referirse a unas 17 mil hectáreas.
En efecto un barrio de Venecia se llama Cannaregio precisamente por las cañas, recuerda Adriano Sfriso, profesor de la Universidad Cà Foscari de Venecia.
La caña requiere una salinidad bastante baja, menos de 15. Sin embargo, el nivel es de 30 en el corazón de la laguna.
Llamado “Life Lagoon Refresh”, el proyecto tiene como objetivo inyectar agua dulce del río Sile para reducir la salinidad. Un pequeño “canal”, operativo desde mayo, permite regular el caudal del agua según avanza el proyecto o en función de los eventos, como las mareas.
Para contener el agua dulce y dar soporte a la caña, se instalaron “cordones” compuestos por postes y almohadillas de fibra de coco biodegradable.
Si la vegetación se reconstituye naturalmente, las operaciones para volver a plantar se aceleran de manera de recuperar 20 hectáreas de cañaverales.
