Los monos aúllan y los graznidos de tucanes y guardabarrancos irrumpen en el espeso bosque que rodea a la laguna de Apoyo de Nicaragua, asentada en el extinto cráter de un volcán que hizo erupción hace 22 mil años.
Sus empinadas laderas son recorridas a diario por José del Carmen Palacios, de 86 años, quien ha nadado desde niño en sus aguas.
Como José, cientos de personas pueblan el anillo boscoso que protege la laguna, escondida entre los volcanes Mombacho y Masaya, al sureste de Managua, y que forma parte desde hace 26 años de las reservas nacionales.
Apoyo es una de las 12 lagunas de origen volcánico que se extienden paralelo al litoral del Océano Pacífico de Nicaragua, que el gobierno nominará ante la Unesco como Patrimonio de la Humanidad por su asombrosa biodiversidad.
En sus profundas aguas se reproducen varias especies de peces y el bosque de sus contornos guarece a más de mil monos congo, en peligro de extinción, y 200 especies de aves.
