ROMA, Italia. -Meriam Yahia Ibrahim Isha, la cristiana sudanesa de 28 años, condenada a muerte por un tribunal de Sudán, bajó con cuidado las escaleras del avión del Gobierno italiano sin dejar de sonreír.
Llevaba entre sus brazos a la niña que dio a luz en prisión, con las piernas encadenadas, y le acompañaba su marido, Daniel Wani, en una silla de ruedas y su otro hijo de 20 meses.
Al pisar el suelo del aeropuerto militar de Ciampino, en Roma, ponía fin a una pesadilla que le habría llevado a la horca si no hubiera sido por la presión internacional. Su único crimen fue amar a un hombre cristiano y profesar su misma fe.
La Ley islámica o “sharía”, que rige en Sudán desde 1983, condena con pena de muerte la conversión a otras religiones.Tras ser recibida por el primer ministro italiano, Matteo Renzi , junto a su esposa Agnese y la ministra de Exteriores italiana, Federica Mogherini, la valiente joven sudanesa y su familia se han dirigido en coche hasta Casa Santa Marta, la residencia del pontífice en el Vaticano.
Francisco ha estado con ellos durante 30 minutos. Ha agradecido a Meriam Yahia Ibrahim Isha su “constancia en el testimonio de fe” y ha elogiado su heroísmo.
Federico Lombardi, jefe de prensa del Vaticano, ha destacado que la reunión con el Papa fue “una expresión de cercanía a todos los que sufren por razones de fe, vivida en situaciones de reclusión o dificultad” y recalcó que es “un símbolo que va más allá del bonito encuentro”.
Meriam tenía un padre musulmán, que la abandonó cuando sólo tenía 5 años, y creció junto a su madre, cristiana ortodoxa. En el año 2011 conoció a su futuro marido, Daniel Wani, cristiano originario de Sudán del Sur. Cuando se casaron y esperaban su segundo hijo, fue condenada a la horca por apostasía y adulterio.
