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Debate sobre la constituyente originaria: ¿con o sin reglas?

Debate sobre la constituyente originaria: ¿con o sin reglas?
Foro sobre constituyente en el Tribunal Electoral.

El auditorio del Tribunal Electoral (TE) se llenó de caras mayores y jóvenes, todas con la mirada atenta al podio, donde la Asociación Panameña de Debate (Aspade) reunía a ocho oradores para discutir una de las propuestas más divisorias en la ruta a las elecciones generales de 2019: la posibilidad de una asamblea constituyente originaria, es decir, la posibilidad de corregir, ya sea parcial o completamente, la Constitución oficial de la República de Panamá, cuya última instancia fue en 1972 bajo el mandato de Omar Torrijos

Con la dirección de la Aspade, el debate se organizó sobre una pregunta central: ¿sería una amenaza convocar una asamblea constituyente sin definir de antemano los delineamientos de la nueva Constitución

Los participantes representaban una mezcla de experiencias en debate, oratoria y filosofía política; algunos nombres veteranos en estos temas y otros empezando a establecerse en el escenario, comprendiendo a educadores, abogados, activistas, estudiantes de derecho, politólogos y representantes de organizaciones ciudadanas.

De esta forma, la bancada a favor la conformaban Rogelio Paredes, Annette Planells, Jorge Giannareas y Carlos Ernesto González, mientras que la bancada en contra incluía a Manuel Calvo, Ana Sánchez, Olga de Obaldía y el actual procurador de la administración, Rigoberto González. Además, de forma esporádica, ambas bancadas contestaron preguntas del público, aportando voces independientes que se mostraron igual de incisivas hacía ambos lados de la discusión. 

Aunque el debate tocó un sinnúmero de temas relacionados, cómo artículos particulares de la Constitución actual, la historia de las democracias constituyentes en latinoamérica, la relación sociológica entre un pueblo y sus gobernantes electos, entre otras, las posiciones de ambas bancadas podrían ser reducidas, no sin restar cierto grado de complejidad y sutileza, a los siguientes puntos. 

La bancada a favor, es decir, que rechaza la noción de que una constituyente deba ser establecida sin parámetros, resaltó los peligros que traería la falta de un periodo de delineamiento, mayormente concentrados en la posibilidad de que, en la carrera para establecer representantes, se filtren elementos no deseados, como, por ejemplo, gobernantes corruptos que pudiesen interferir en las intenciones legítimas de la asamblea. Así mismo, destacaron que el reducido tiempo para establecer una constituyente (de 6 a 9 meses) promovería la desorganización, y que de los entre 60 y 70 representantes elegidos, en un tiempo tan corto, podrían ser propensos a actuar de forma individualista, ignorando las necesidades de sus electores y priorizando sus beneficios propios. En otras palabras, la velocidad y desorganización de establecer una asamblea constituyente sin delineamientos le daría el poder a funcionarios corruptos de reescribir la constitución a su medida, exacerbando los problemas ya presentes en nuestro proceso legislativo, tal vez de forma irreversible.

Por su parte, la bancada en contra, es decir, aquellos promoviendo una constituyente originaria inmediata, sin período que defina sus parámetros, consideraron poco ético que se estructure a priori el proceso de delineamiento, ya que abría las puertas para un elitismo legislativo que no le hiciese justicia a las necesidades y demandas de la población, dificultado la distribución igualitaria de poder que argumentan es necesaria para redactar una Constitución exitosa. El rechazo consciente a partidos y figuras políticas establecidas permite entonces una constituyente mucho más enfocada y desatendida de la burocracia y corrupción actual, además de otorgarle al pueblo una influencia más directa hacia el proceso legislativo. 

Durante el debate, ambas partes se mostraron igual de convencidas en la necesidad que existe de una asamblea constituyente originaria, un punto en el que el último orador, el procurador Gonzales, se enfocó. En vez de tomar su tiempo para argumentar a favor o en contra, González tomó su tiempo para reafirmar su fe en la voluntad del pueblo panameño para mejorar su situación política.

“Aquí hay un consenso,” dijo, “todos en este lugar estamos de acuerdo que hay que apuntar por un cambio que nos beneficie a todos [...]. Siempre va a haber temor. Yo confío en lo que nosotros somos. Que nos vamos a equivocar, es probable, pero tenemos que creer que podemos hacer las cosas. De eso se trata el proceso constituyente.”


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