El tráfico de migrantes a través del tapón del Darién, en la frontera de Panamá con Colombia, es un negocio lucrativo manejado por el Clan del Golfo, grupo criminal colombiano, que mantiene el control sobre las rutas, los movimiento de las embarcaciones para el traslado y el cobro de impuestos a los guías y personas que dan apoyo logístico por la dura travesía de varios días por la selva.
Son parte de las conclusiones de un informe elaborado por la Fundación Ideas para la Paz (Fip), una organización no gubernamental colombiana creada en 1999.
El documento revela que el Clan del Golfo mantiene un control hegemónico del golfo de Urabá y ha establecido una serie de gobernanzas que compiten con las instituciones formales. Es decir, una especie de “gobierno criminal’'.
En el caso de Darién, el informe precisa que su control se profundizó desde el año 2018, con el aumento de la migración y el fin de los enfrentamientos del Clan del Golfo con el Ejército de Liberación Nacional (ELN). El grupo criminal, de acuerdo con el informe, ha logrado regular el fenómeno migratorio al aceptar o prohibir rutas, establecer normas de comportamiento para los guías y migrantes y extorsionar a los diferentes eslabones de la cadena de migración.
También se precisa -siempre según la oenegé- que esta red ha diversificado sus fuentes de recursos en los últimos años. Aunque extrae dinero de todas las economías legales, informales e ilegales presentes en el territorio, el narcotráfico, la minería ilegal y la extorsión generalizada en todos los sectores económicos siguen siendo sus principales fuentes de financiación.
No obstante, en los dos últimos años, las rentas procedentes del tráfico de migrantes se convirtieron en una fuente importante de recursos para la organización.
Plantea que tanto las redes nacionales e internacionales de tráfico, así como los migrantes que llegan solos, deben interactuar de alguna manera con el grupo para que les permita y les facilite el paso. “El Clan del Golfo se integra de forma puntual y concentrada geográficamente en el Urabá y el Darién a las rutas transnacionales de tráfico y tránsito, dado su control territorial y social”, añade el estudio.
A pesar de que se ha convertido en el actor regulatorio de esta actividad, los operadores logísticos de las rutas no forman parte de este grupo armado, aunque no les queda otra opción que acatar las reglas que impone el clan, incluyendo el pago de un impuesto por el uso de este paso. También se establece que el tránsito de las embarcaciones marítimas, después de salir de Necoclí, Antioquia y de otras poblaciones fronterizas, les deja ganancias por al menos $127 mil mensuales. Esto, sin incluir el cobro por el uso de las rutas terrestres y el alojamiento.
230 mil migrantes han pasado por Darién
Cifras estadísticas del Ministerio de Seguridad revelan que de enero a noviembre de 2022, 230 mil migrantes pasaron por la selva del Darién. En el mes de octubre se registró un mayor volumen, con 60 mil migrantes.
El ministro de Seguridad Pública, Juan Pino, durante una gira realizada a principios de diciembre por la zona con la embajadora de Estados Unidos, Mari Carmen Aponte, y la canciller Janaina Tewaney Mencomo, aseguró que el Servicio Nacional de Fronteras (Senafront) mantiene una constante vigilancia de las rutas usadas por los migrantes a fin de darles atención y evitar que sean víctimas de bandas criminales.
Según Pino, muchos de los migrantes llegan al Darién engañados, ya que se les asegura que se trata de una ruta fácil y luego terminan pagando fuertes cantidades de dinero a los denominados “coyotes” por el servicio de transporte y guía. No son pocos los que acaban abandonados en el camino.
La directora del Servicio Nacional de Migración, Samira Gozaine, reconoció que en el último mes se ha producido un cambio en el flujo de migrantes, ya que ahora se nota la llegada de ecuatorianos de forma masiva.
Según Gozaine, esto representa una diferencia en comparación con los años 2021 y 2022, cuando la mayoría procedía de Haití y Venezuela..
El informe también plantea que en las tres últimas décadas, los flujos migratorios han llamado la atención de las organizaciones criminales, porque necesitan encontrar fuentes de ingresos alternativas a sus operaciones ilícitas principales, como el tráfico de drogas o de armas.
Sin embargo, no se han convertido en los principales proveedores de servicios ni en los únicos tomadores de decisiones. Algunos ejemplos en el mundo indican que cobran impuestos a quienes proveen servicios en las rutas migratorias y limitan el acceso a ciertas rutas, pero que no disponen de su propio pie de fuerza para guiar a los migrantes, como ocurre en el Darién.
Los vínculos entre el crimen organizado y el tráfico de migrantes son limitados y puntuales y parten de una oportunidad de explotar su control territorial. Por ejemplo, en México se comprobó que los carteles no estaban involucrados directamente.
Una oportunidad de negocio
El informe de Fip también explica que los actores que forman parte de la cadena en el tráfico de migrantes son heterogéneos y parte de los pasos irregulares por los que transitan los migrantes se encuentran en regiones donde la migración se considera una oportunidad de ingresos por la falta de opciones laborales. Como economía local informal, el tráfico de migrantes beneficia a la comunidad donde se ubican los puntos clave de las rutas, en la medida en que los habitantes están en condiciones de proveer servicios como transporte, guía, hospedaje y abastecimiento de enseres, entre otros. Por tanto, los residentes de estas áreas se convierten en colaboradores oportunistas de los grupos que se dedican a esta actividad.
Las rutas
Entre las rutas más usadas por los migrantes para llegar a Darién se encuentran la del Atlántico (que es la favorita) que parte desde Necoclí o de algunos puertos cercanos. Esta pasa por Capurganá, Acandí o Sapzurro y atraviesa la selva para llegar a la ruta Panamericana.
Otra vía es la del Pacífico. Esta es una de las menos concurridas y es generalmente usada por personas con más recursos, que quieren evitar las rutas más pronunciadas de la selva. La travesía comienza en Juradó (Chocó) para llegar a Jaqué, en Darién. Finalmente, toman otra embarcación para llegar a Puerto Quimba, donde siguen una ruta terrestre hacia la carretera Panamericana.
También se utiliza una ruta terrestre en Riosucio (Chocó). Esta era una de las más empleadas antes de que los migrantes usaran el camino hacia Capurganá o Sapzurro. Entonces, salían de Turbo y entraban al Chocó por el río Atrato hasta llegar a Puente América, en Cacarica, Chocó. De allí caminaban por la selva hasta Yaviza, Panamá.

